martes, 22 de mayo de 2012

Olvido


Afuera el cielo había cedido a las nubes y empezó a llover descaradamente. “No es el mejor día para retomar el viaje”, mentía, mientras me revolcaba en la cama para abrazarla. Cuando el guardia abrió la puerta, un reflejo me hizo tumbar la cabeza en la almohada, pretendiendo estar muerto. Pero los guardias de la cárcel no eran imbéciles y este pobre infeliz, aunque joven,  tampoco. Así a lo menos lo sugirieron las avergonzadas disculpas que repitió al cerrar la puerta poco después. 

Su risa me gustaba más y más cada vez que entraba. Todo había empezado mientras me limpiaba el rostro la noche anterior. No le había contado nada, pero ella aparentaba saber todo sobre mí… y sobre Bes. Una adivinadora, me contarían después. En el momento no me importaba. 

-Debo revisar tu espalda…- decía, detenidamente – para asegurar que tu cuerpo haya sanado-

Mientras ella estudiaba mis hombros, yo secaba mis mejillas, mirando fijamente los bálsamos que habían salvado mi rostro.  Me gustaba sentir su sonrisa y ella lo sabía. Quizás por eso nunca hablamos.