sábado, 25 de febrero de 2012

La Tumba (Parte 3)


Apenas abrí esa puerta, desee jamás haberlo hecho. Frente a mí se encontraba una masa gigante de carne podrida con forma humanoide, un Bonewalker. Jamás en mis viajes me había encontrado con uno antes, pero si había oído de ellos. He sabido de Nigromantes capaces de invocarlos. Seguramente esta bestia y los demás no muertos fueron invocados como protecciones adicionales, por quien haya hechizado la tumba. Antes de que alcanzara a reaccionar, la bestia lanzo un zarpazo que destrozó mi armadura, arrancándola de mi pecho y empujándome de vuelta hacia el pasillo. En reacción inmole mi espada y me dispuse a abatir a mi enemigo. Sin embargo, no contaba con que mi hechizo derritiera mi espada.
Acero barato –exclame, arrojando lo que quedaba de mi arma a un lado-
¡MALDITO SEAS ARRILLE!
Volví a enfocarme en mi adversario. Este ya estaba listo para lanzar otro zarpazo, salte hacia atrás, evadiendo lo que pudiera haber sido una herida fatal. Sin arma ni armadura, solo me quedaba una opción, magia. Empecé la pronunciar la encantación para bola de fuego, sin embargo era difícil concentrase mientras intentaba evadir los ataques de ese bestia fétida. Si al menos tuviese un escudo. Logre disparar la bola de fuego y fue un tiro directo en la cara de la bestia. A pesar de que obviamente el bonewalker no sentía dolor, el efecto de mi hechizo logro confundirlo lo suficiente, como para que yo pudiera sacar mi daga y clavársela en donde debería de haber estado su corazón. En el forcejeo que siguió a mi maniobra el no muerto me golpeo en las costillas empujándome hacia atrás haciéndome soltar la daga. Mientras el bonewalker se levantaba y se sacaba la daga del pecho, yo gatee hacia la habitación  donde había encontrado a ese monstruo y cerré la puerta.
Estaba cansado, desarmado y solo. Me senté contra la puerta y espere que el no muerto no fuera, sino suficientemente inteligente, lo suficientemente hábil como para abrir la puerta. De repente sentí una gran cantidad  de magicka que llenaba la estancia.

La fuente del encantamiento – recordé.

Mire hacia adelante y vi algo que jamás espere ver. En el centro de la habitación se encontraba flotando una espada que brillaba con una luz espectral.

Una espada encantada – exclame – Esa es la fuente del encantamiento.


De repente empecé a sentir golpes contra la puerta. El bonewalker debía estar intentando derribar la entrada, debo darme prisa si no quiero terminan como ese otro Dunmer.
Me dirigí hacia la espada  y la removí de la luz que la envolvía, pesaba bastante para ser una Katana pero serviría para mis propósitos.
Luego sentí como la confusión que nublaba  mi mente desaparecía, esto quería decir que el encantamiento de confusión invocado sobre la tumba estaba desapareciendo. Eso era bueno. Eso me daba una oportunidad.
De la nada se oyó un ruido contundente y observe como caía una lluvia de astillas. El bonewalker caminaba por entre los restos de la puerta y no estaba solo, detrás de él se encontraban 2 esqueletos armados con arcos y flechas.

Esto no será sencillo – dije, mientras encaraba a mis adversarios.

La sombra entre las sombras

...Y no me equivocaba.
Vivec es una ciudad enorme y ha progresado mucho desde la última vez que estuve en Vvardenfell, si yo creyera en las leyendas y mitos acerca de Vivec, claramente estaría de acuerdo en que es el digno hogar de un Dios. Para los que no la han visitado aún, se trata de una serie de enormes edificaciones sobre el agua, nueve para ser exactos, una al lado de otra y que en su conjunto crean una entidad simplemente majestuosa.

Vivec se distingue de otras ciudades por el hecho albergar distintas cosmovisiones distribuidas por separado en distritos o "cantones", y esto es un detalle muy importante en un oficio como el mio, puesto que internamente se crean rivalidades y conflictos de los cuales fácilmente se puede sacar provecho. Por otro lado, hace que reducir ciertas especies sea mucho más rápido y eficiente. No podría tildarla de una ciudad santa como muchos lo hacen, pero si la encuentro divina (Divina porque me beneficia por completo).

A mi llegar me llueven rumores de diversos hechos que afectan a la ciudad, pero ignoro la mayoría (una ciudad grande es hogar de problemas). El único rumor que cautiva mi atención trata sobre una serie de misteriosos asesinatos, lo que inmediatamente me hace pensar en la presencia de alguno de mis compañeros en el sector, pero una vez que me van dando más detalles descarto la idea. Pasa que por lo que me dicen los habitantes de Vivec,los asesinatos no sólo han sido misteriosos, sino que silenciosos y perfectamente ejecutados. Ninguno de mis compañeros goza del don de la sutileza, bueno excepto por mi, pero yo vengo recién llegando y nunca he sido partidario de la sangre, las vísceras y todas esas otras asquerosidades.

Dedicaré algún tiempo a estudiar el movimiento de uno o dos cantones. Trataré de relajarme un poco con este asunto de los asesinatos, pero algo me dice que debo ser cauteloso, uno nunca sabe cuando puede estar siendo vigilado desde las sombras.

viernes, 24 de febrero de 2012

Restaurando la Espada


Maldigo mi suerte mientras continúe caminando hacia balmora, no pudiendo ser un viaje tranquilo a pie sino que a mitad de camino escuche a alguien gritar y al segundo después una cuerpo azotado en el suelo, puedo decir que no fue una linda forma de morir del tipo pero bueno sus cosas me sirvieron bastante para pasar el frio de la noche y además una espada que poseía ahora era mía y fue de bastante ayuda para afrontar lo que se me venia en el camino hacia balmora, cuando se me ocurrió pasar por unos paramos los cuales estaban infestado de cucarachas, gusanos y una ves bastantes molestas, los cuales hicieron un fastidio este viaje, ya muy entrada la noche logre llegar a balmora y cuando final mente espero que nadie me moleste para llegar a la posada mi suerte nuevamente me la juega, un guardia imperial, grandioso, de nuevo un estúpido interrogatorio básico. Lamentablemente entre mi estadía en confinamiento solitario en prisión y el “lindo” viaje en barco mi cuerpo es como el de un niño, con suerte mi mano ha reconocido el acero de la espada. así que seguí el procedimiento para que me deje tranquilo y pueda seguir.

Cuando el guardia por fin me dejo seguir, busque alguna posada que aun estuviera abierta para poder alquilar alguna cama, pero todas estaban o cerradas o ocupadas, vagando por la ciudad buscando algún sitio donde dormir o algún callejón que se pareciera al piso de la prisión, di a parar al gremio de guerreros donde vi signos de compañerismo a lo que fue alguna vez un guerrero que alzo malamente su espada hacia el hijo de un político dándole muerte, después de una pequeña “persuasión y razón” me ofrecieron una acogedora cama que me vasto para descansar hasta la mañana.

Al día siguiente un recuerdo perturbador me despierta-maldición el estúpido paquete que debía entregar para ese tal….- mi mente no logra recordar el nombre de tal individuo, busco desesperado en el bulto si esta su nombre para empezar a buscarlo, gracias a dios se encontraba hay caius cosades, quien pudo a ver sido para haberme hecho perder ese tiempo. Cuando salí da la habitación me dirigí a hablar con la encargada del gremio de guerreros(una mujer quien lo habría pensado) llamada eydis, parecía bastante fuerte incluso penque que pudo haber servido en la prisión ayudando a cuidar esos idiotas cuando se les ocurría estafar a algún guardia o a alguien de influencias en prisión. Cuando termine de charlar de con eydis me informo que caius cosades se encontraba al otro lado del pueblo además de que mi izo una invitación a unirme al gremio de guerreros pero le dije que una vez que allá termina esta tarea lo iba a pensar. Partí hacia el otro lado del pueblo y gracias a las indicaciones del eydis encontré muy fácil la casa donde aloja ese sujeto.

Recuerdos de un pasado etéreo


Voy en carga hacia mi enemigo, un hombre de túnica negra que esta lanzando alguna especie de hechizo sobre alguien extrañamente parecido a mi, no logro verlo con claridad y al hombre de negro tampoco, todo es difuso y etéreo a la vez, son como fantasmas, fantasmas luchando en un mundo onírico pero a la vez tan real, cuando estoy a punto de golpear a mi objetivo este se giro hacia mi, me muestra su delgado y huesudo rostro, sus profundas cuencas eran adornadas con ojos completamente negros, ahí no había iris o pupila, todo lo que contenían sus cuencas era oscuridad. Sonrió y al decir alguna clase de hechizo en un lenguaje que jamás había escuchado, el tiempo se detuvo para mí, pero para nada más a mí alrededor.

Aquel ser de ropajes y ojos negros reía a carcajadas mientras se acercaba a  mi, yo sin poder mover ningún musculo y con la mirada clavada en el, me sentía impotente ante la idea que yo seria el próximo en caer, llego a un paso de mi y me dijo "tu padre ya esta muerto y tu eres el ultimo que queda de tu clase, puedo apostar que ya no recuerdas siquiera mi nombre, porque no me respondes, ahhh se me olvida que no puedes hablar, pero vamos a solucionar eso."

-vi como nuevamente lanzo un hechizo y podía hablar nuevamente, "que le haz hecho a mi padre" le dije con furia mientras no podía creer que fuera mi padre el que acababa de ver morir.

-tranquilo, tranquilo, el murió hace mucho tiempo y esto es solo un recuerdo, pero en otros temas no sabes lo complicado que fue sacarte de la cárcel, ahí dentro matarte no hubiera tenido sentido y para hacerlo mas divertido prefiero dejar la opción en tus manos. Yo me largo de aquí, si quieres matarme adelante, pero primero tendrás que buscarme, así como estas darías mucha menos pelea que tu padre y él fue muy fácil.

Nuevamente su sonrisa inundo su rostro, la que se perdió tornándose negra al igual que su rostro, y cuando todo lo que había dentro del gorro de la túnica fue tinieblas, simplemente desapareció...

Desperté sudando al lado de la fogata, mi cabeza daba vueltas y todo se veía borroso, luego de un momento respirando profundamente las cosas a mi alrededor comenzaron a volverse solidas de nuevo, me levante lentamente para que no volviera el mareo y tome mis cosas, era hora de partir, pero en la puerta de la cueva alguien había dejado algo para mi y creo que sabia quien era ese alguien, era un pergamino el que  abrí rápidamente, tenia muchas dudas y pocas respuestas, eso me estaba volviendo loco, deje esos pensamientos de lado y centre mi atención en el pergamino, este contenía un dibujo y un texto, el dibujo me pareció familiar, tan familiar que comencé a sudar helado, tan helado como los hielos de Skyrim, mis ojos se llenaron de lagrimas y en ese momento todo cobro sentido, el hombre de negro había estado ahí, para devolver mis recuerdos y seguir con su enfermo juego de muerte y dolor, el pergamino tenia dibujado al hombre de negro con su túnica y su bastón, mientras que el texto decía "Tu padre esta muerto y tu eres el ultimo.", seque mis lagrimas guarde el pergamino y salí de la cueva, volvería a Seyda Neen por algo de información, si estuvo aquí quizás paso por ahí.

Algún día lo encontrare y cuando eso suceda habrá un hechicero menos en este mundo y mi ira se habrá apaciguado.

La Tumba (Parte 2)

Cada paso que daba era una tortura. No estaba seguro de que iba en la dirección correcta, pero si estaba seguro de que al menos iba en alguna dirección. Trataba de trazar en mi mente el camino que había hecho al entrar en la tumba, sin embargo el dolor no me permitía pensar.
El olor… debo seguir el olor. La peste del Dunmer muerto en la entrada era el indicador que necesitaba, para encontrar la salida de esta pesadilla. Era irónico que la desgracia de otro fuera mi salvación, pero después de todo, así es la vida.
Alce la cabeza e inspire profundamente. Nada, absolutamente nada. Ni siquiera el olor a humedad que debería haber habido en esas circunstancias, ni el olor a aceite quemado que debiesen de haber tenido las antorchas. Era como estar caminando en el vacío, sin inicio ni final. Mire hacia atrás. No podía ni encontrar el camino de vuelta hacia el altar.
Cansado caí sobre mis rodillas. Mi frustración era tal que estuve a punto de romper en llanto.
No – me dije – tiene que haber una manera, piensa, maldición piensa.
Luego recordé el nombre del lugar en donde me encontraba. La “Ancestral Tumba de Andrano”, Andrano, donde había escuchado eso antes. En silencio medito sobre esa palabra hasta que la respuesta vino a mí, como una bocanada de aire después de estar sin respirar por un tiempo prolongado. Andrano es el nombre de una de las grandes casas de Morrowind. Seguramente encantaron la tumba, de forma que los intrusos no encontraran la salida. Debo encontrar la fuente de energía del encantamiento.
Me senté en el piso y comencé a enfocarme en una sola tarea. En sentir el flujo de Magicka en el aire. Mi concentración alcanzo un punto tal, que casi me olvido de respirar. De repente lo sentí. Un encantamiento muy poderoso. Su energía se enfocaba en una sola dirección. Me levante y seguí mi camino.
Luego de unas horas y después de evadir a unos cuantos esqueletos armados (aparentemente el espectro no era el único no muerto con el que rondaba esta tumba), llegue a donde el Magicka se sentía más fuerte. Me encontraba frente a una gran puerta de madera. Respire hondo y murmure – Ahora o nunca.
Di un paso adelante y abrí la puerta, lo que encontré ahí jamás lo olvidare, por el resto mi vida.

Ascendiendo las Filas

El oscuro manto de la noche y una fuerte lluvia me dieron la bienvenida a Balmora. El viaje no fue demasiado largo, pero sí incómodo. La verdad espero no tener que volver a montar uno de esos Silt Striders. En todo caso, mi situación financiera no me lo permitiría aunque quisiera.

No me gusta caminar bajo la lluvia, mucho menos vistiendo estos trapos que poco y nada me protegen, pero debo actuar con presteza. Y tampoco es como si tuviera donde hospedarme.
Al principio me siento desorientado. La ciudad no es ni la mitad de la capital imperial, pero la noche, la lluvia y mi ignorancia del territorio me impiden encontrar mi destino. Sin encontrar éxito actuando por mi cuenta, no me queda más que recurrir a los locales. Son fríos, pero no amenazantes como en Seyda Neen. Sean quienes sean, los otros extranjeros de los que oí hablar no deben haber pisado estas calles todavía.

Después de mucho merodear -y resbalar un par de veces, debo agregar-, doy con una pequeña casa donde supuestamente vive el individuo que busco. Toco la puerta. Pronto soy recibido por un hombre entrado en años, pero de gruesa complexión.

-¿Caius Cosades? -le preguntó.

-¿Quién desea saberlo? -contraataca con antipatía, analizándome de pies a cabeza.

Sin emitir palabra alguna, le extiendo la encomienda que debía entregarle. Una sonrisa sardónica se dibuja en su rostro y me invita a pasar. No tengo motivo para rechazar su oferta.
Una vez dentro comienza a hablarme de esta organización: "Blades". Aparentemente son espías del Imperio, un importante servicio de inteligencia. Este hombre es su líder, y desde ahora, mi superior.
Esto es lo que esperaba. Me encuentro en el fondo del tótem, pero al menos estoy en él y eso es lo que importa. Ahora sólo debo trabajar duro y ganarme un nombre. No lo quisiera de otra forma.
Emocionado por poder serle de utilidad a mi Imperio, solicito mis primeras órdenes.
Debo consultar a un hombre llamado Hasphat Antabolis, en el Gremio de los Guerreros. Él tiene información sobre unos cultos secretos que los Blades están investigando. Sólo debo obtener la información y volver para reportarla. Suena fácil.

Antes de irme, Caius me da doscientas monedas de oro para gastar como me plazca, junto con sugerirme que conozca a sus otros subordinados, muchos de los cuales viven en la ciudad. También me aconseja crear una identidad que dificulte identificarme con un servicio como el nuestro, ya sea ganándome una reputación como independiente o buscando fama dentro de los distintos Gremios que aloja la ciudad.
Aprovechando que todavía no era demasiado tarde, decido pasearme por la ciudad para conocer al resto de los Blades. Son todas charlas breves, pero bastante informativas. Por si fuera poco, recibo también algunas piezas de armadura que deberían resultarme bastante útiles.

Mi última parada del día sería el Gremio de los Guerreros. No me cuesta encontrar a Antabolis, quien no me pone las cosas fáciles. Si quiero la información, debo ir a las ruinas Dwemer de Arkngthand y encontrar algo que él llama "Caja Rompecabezas Dwemer", un objeto cúbico con varias inscripciones en él, según me relata. No tengo opción, no me encuentro en un lugar donde recurrir a la intimidación rinda frutos, por lo que accedo a su petición.

Siendo tarde y estando yo muy cansado como para ir a explorar unas antiguas ruinas, pienso que lo mejor es unirme al Gremio de los Guerreros. Ofrece refugio y provisiones -más de lo que merezco-. Puedo utilizar el lugar como base de operaciones y cumplir con algunos trabajos para el Gremio antes de aventurarme en Arkngthand. Con algo de suerte, mataré suficiente tiempo para que alguno de mis amigos pase por la ciudad. Claro, eso si es que de verdad sigue alguno con vida.

jueves, 23 de febrero de 2012

Desconfianza

Parece que tengo un poco más de futuro del que esperaba. El Verdugo no tuvo que probar el filo de su hacha con mi cuello. De verdad me liberaron... pero mis pies gozaron de las calles de la capital sólo unos instantes, lo que duró el trayecto hasta el puerto. No pude evitar preguntar qué hacíamos ahí.

-Te vas a Morrowind -esa fue toda la respuesta que pude obtener.

Presionado por la hostilidad de mis supervisores, abordé el barco sin oponer resistencia.
Dentro de algunos días me encontraría en Morrowind, hogar de los Dunmer.

......

¿Heh? ¿Cuánto tiempo habré dormido? No hallando qué hacer dentro del barco, dormir se volvió, tristemente, el más provechoso de los pasatiempos. Ya he perdido toda noción del tiempo. Al menos en prisión tenía cómo rasgar las paredes para contar los días, pero aquí nada.
Oh, un guardia me mira con cara de pocos amigos. Qué excusa le habré dado esta vez, me pregunto.

-Hemos llegado -me dice, y sólo entonces me percato de que, en efecto, por primera vez en días, el barco no se está moviendo.

Me insta a seguirlo, lo que hago sin cuestionar. Pronto me hallo en una Oficina de Censo. Ahí me informan que estoy en un pueblo llamado Seyda Neen, y que antes de que puedan dejarme ir, debo responder unas preguntas. Como guardia imperial que fui conozco el procedimiento, y sé que no es la única alternativa, así que pido que me permitan llenar las formas. Eso es más rápido.
Realizado todo el papeleo, me guían a la oficina del capitán. Aquí es donde la cosa se pone interesante. Él me da una encomienda y una orden: entregar dicha encomienda a un tal Caius Cosades, en una ciudad llamada Balmora. 
Un trabajo patético, sin duda, pero el hecho es que se me está dando la oportunidad de servir al Imperio, de recuperar mi honor. En definitiva, me están permitiendo partir desde cero.

...

O eso pensé. Porque al salir de esa oficina, las miradas de los habitantes me dejaron en claro que estaba equivocado. No tenía que ser psíquico para sentir su hostilidad. Procuro no mostrar mi preocupación, y opto por consultar con un guardia, que muestra buena disposición al notar que soy un Imperial como él.
Me cuenta que no soy el primer extraño que llega en los últimos días a Seyda Neen, y que desde que estos visitantes empezaron a arribar, varios habitantes habían desaparecido, siendo encontrados muertos más tarde. Fue bastante gráfico, detallando el estado de cada uno de los cuerpos. Uno llamó en particular mi atención. Un sujeto que fue encontrado en su casa, con varias flechas en el cuerpo. Ello significa que le dispararon de muy cerca, y ningún arquero criterioso osaría hacer algo así.
Por fortuna o no, justamente conozco a un arquero que es todo menos criterioso, que se jactaba de su habilidad para disparar y ser letal a sólo centímetros de distancia. Como curiosidad, vale mencionarse su afán por disparar a las rodillas de sus adversarios. Suena sucio, pero doloroso y efectivo.

En fin, es una idea loca, pero tengo la corazonada de que mis amigos -o al menos uno de ellos- podría estar todavía con vida. Siendo tal el caso, es muy posible que les hayan dado un encargo como el mío. Conociéndolos, es más probable que se estén paseando por estos extraños bosques, pero la verdad no tengo el equipo y la información para estar vagando por ahí.

Sólo tengo unas pocas monedas, pero debiera bastar para pagar un medio de transporte. Nada me ata a este poblado, y las miradas de los lugareños me hacen pensar que terminaré apuñalado apenas baje la guardia, así que lo mejor será ponerme en marcha hacia Balmora.

El Sueño

Des…Hey… Despierta… Hey…
¡¡¡¡¡¿¿¿QUE SUCEDE???!!!!!! - Me despierto apresuradamente y me doy un golpe contra el techo. El precio de dormir en la cama de arriba del camarote.
Ouch… - exclame.
Miro a mí alrededor y veo a un Altmer y a un Bosmer al borde de la risa. El Bosmer no aguanto y rompió a carcajadas, le brotaban las lágrimas de los ojos. En cuanto al Altmer, aunque por su expresión también encontraba la situación chistosa, por lo menos se esforzó en no reaccionar como el Bosmer. Conocía a ambos.
Cuando el Bosmer logro recuperar el habla, me dirigí hacia ellos.
¿Qué sucede?- pregunte, mientras me sobaba la cabeza.
El Altmer saco un huevo de kwama cocido y comenzó a sacarle la cascara. Mientras realizaba esa tarea tan típica suya se dirigió a mí y me dijo – Es día de recolección, necesitamos tu ayuda, hay muchos clientes que se olvidaron de pagar.
¿Por qué yo Grae? ¿No es esa tarea del orco?- pregunte- El adora recolectar, puede quebrar huesos y llenarse las manos de “motines”.
No te burles de el – replico Grae con tonalidad seria – Sabes que, desde que se mordió la lengua, en ese desafío de trabalenguas, no ha podido pronunciar bien desde entonces.
Un clásico – Asintió el Bosmer.
Grae miro al Bosmer con mirada de reproche y dijo – Si tú y Ethan no lo hubieran desafiado…
Si bueno - interrumpió Ethan, que acababa de entrar en la celda – Eso no importa ahora. En cuanto al Orco, sigue en confinamiento solitario.
En ese momento recordé. El Orco le “gano” una apuesta al Bosmer. La apuesta consistía en que si el Orco podía bajarles los pantalones al alcaide durante la inspección del Duque y sus hijas, el Orco se llevaba todo lo que el Bosmer tuviera en sus bolsillos. Resulta que el Orco si logro bajarle los pantalones al alcaide, pero nuestros uniformes no tienen bolsillos. Fue tan chistoso, que hasta el serio de Levant, que estaba escoltando a los visitantes en ese instante, soltó una leve sonrisa. Desde entonces el Orco se encuentra en solitario.
Si, así que será mejor que dejes de holgazanear y empieces a trabajar – dijo el Bosmer.
Si hubo algún tono de hostilidad en lo que dijo, no le preste importancia. Nunca me he entendido bien con él. Sin embargo por extraño que parezca, no me enojo con él, ni sobre reacciono a sus provocaciones, como normalmente lo haría con otras personas. ¿Me pregunto porque?
Bueno a trabajar entonces – dije y me levante de la cama…

De repente me caí y di contra el suelo frio…
Estaba frente a un altar, bañado en sangre, mi sangre. Me dolían las heridas de mi lucha con el espectro.
Era un sueño, o más bien un recuerdo.
Dicen que en tiempos de necesidad recordamos mejores épocas. Supongo que no hubo muchos momentos felices en mi vida.
De repente noto que algo se mueve en mi mochila. Me asomo a ver y una rata del porte de un gato, sale dispara del interior de mi mochila y desaparece en la oscuridad.
Maldije para mis adentros y rápidamente revise mis pertenencias. Se comió todas mis provisiones, pero aparentemente todo lo demás (incluido el paquete que tengo entregar) se encontraba intacto.
Frustrado agarro mis cosas y me dispongo a salir de la tumba con las fuerzas que me quedan.

Lealtad

"¡Que se pudra el Imperio!" ... Eso habrían dicho mis compañeros, y eso quisiera decir yo a veces, pero jamás podría. El Imperio está en mi sangre, para bien o para mal.

Mi origen no atenuaba en medida alguna su desprecio por el gran Imperio. Uno se preguntaría... "¿Cómo? ¿Cómo termina un imperial haciendo amistad con una banda compuesta por Elfos, un Orco y un Nord?". Vergüenza siento al pensar que mi respuesta sería "No lo sé". Recuerdo que al principio no sentía ninguna simpatía hacia ellos, y evidente era que ellos tampoco me tenían estima.
Una noche, no obstante, y mientras cumplía con mi deber como guardia de la prisión, estábamos todos carcajeándonos, ni siquiera recuerdo a causa de qué.
El hecho es que nos hicimos amigos, y porque soy leal a mis amigos es que no denuncié sus crímenes. Muy por el contrario, me terminé uniendo a ellos. Todos eran muy hábiles, pero requerían de alguien que... pudiera tratar con la ley y la burocracia. Yo calzaba perfectamente en su esquema.
Una encrucijada... ¿Con quién estaría mi lealtad, con el Emperador al que había jurado servir o con estos nuevos amigos, un montón de delincuentes? Debe ser porque no quería defraudar a ninguno que terminé por defraudarlos a todos. Sin poder elegir claramente un bando, adopté una doble vida.
Por eso estoy ahora en prisión, el lugar en que los conocí, el lugar del que yo me aseguraba jamás escaparan. El otrora noble y respetado guardia Imperial hoy no es más que un criminal despreciable, quien ya no tiene un señor al cual servir ni amigos en los que contar. 

¿Libres? Ni siquiera un Orco -sin querer insultarlos, pero algo realmente está mal con su cabeza- habría creído esa patraña. Seguro se ordenó su ejecución en cuanto los sacaron de aquí. El tráfico de Moonsugar no es un delito menor, mucho menos cuando su red de extensión es tan amplia, y dentro de la prisión misma por si fuera poco. Además, cada uno de ellos era un individuo objetivamente peligroso. El Imperio jamás admitiría que sujetos así caminaran por ahí sin correa, y por eso no puedo sino pensar que todos tuvieron una cita con el Verdugo.

Ahora sólo quedo yo, pronto a compartir el mismo destino que mis compañeros de la Moon Sugar Gang.
Pensando en esto, no pude oír las pisadas de los guardias. No es sino hasta que escucho mi nombre que vuelvo a la realidad.

-Levant Eissel di Lanza -llama un guardia con su voz grave. Alégrate, que por gracia de nuestro magnánimo Emperador, eres hoy libre  -agrega.

Peces Gordos

En mi apuro por los hechos acontecidos tomé la sensata decisión de viajar lo más lejos posible de Seyda Neen, y de esta manera llegué a Gnisis en el mejor momento posible... De noche.

Lo primero que noté al llegar es que el ambiente estaba plagado de ese maldito hedor que por culpa de cierto Altmer aprendí a odiar. Todo, pero absolutamente todo apestaba a huevos de kwama, y la razón era bastante obvia, la economía de la ciudad se basaba casi exclusivamente en la mina de huevos kwama cercana a la ciudad. Yo y mi maldita suerte.

Gracias a Punivi aprendí un poco del lugar, y a partir de sus comentarios supe en seguida que mi paso por Gnisis sería breve. Me contó que la mina de huevos estaba clausurada, al parecer la reina kwama había contraído una enfermedad lo cual estaba afectando directamente el comercio. Supe también de la existencia de un fuerte imperial a las afueras de la ciudad, de como una pandilla estaba operando en las cercanías y de como un pequeño destacamento de Imperiales estaba estableciéndose en Gnisis. ¿Necesitaba oír más antes de escapar de aquella trampa mortal? No... Y precisamente eso me disponía a hacer cuándo mis ojos hicieron contacto con algo agradable. Muy agradable.

Resulta que este pequeño destacamento de Imperiales del que me hablaba Punivi no se ha establecido del todo, y entre el ajetreo y burocracias de la legión, han dejado al aire libre un montón de cajas y barriles custodiados únicamente por un soldado de bajo rango que ronda espóradicamente el sector debido al gran área que tiene que recorrer.

¿No es acaso mi día de suerte?

Bueno, ignorando el hedor yo diría que si.

Estudiaré el movimiento del sector y cuando la noche haya avanzado un poco comenzaré a trabajar. No hay tiempo que perder.

...

¡Vaya suerte! Fuera del montón de basura usual que uno encuentra y una que otra chuchería de bajo valor, he encontrado dos objetos bastante interesantes: Primero una espada corta que parece ser de muy buena calidad, muy de mi gusto, al parecer encantada por un mago que sabía de su oficio (no como cierto Dunmer), ligera y que parece estar forjada para que vuestro servidor tenga el goce de blandirla. Y segundo, un amuleto. Un amuleto muy extraño, que está finamente ornamentado y tiene unos pequeños sellos rúnicos que me dan toda la impresión de que esconde algún misterioso poder, eso lo veré después, por ahora me conforma el hecho de que aún si no estuviera encantado valdría una fortuna por los materiales con los cuales está fabricado y por su fina elaboración.

Ahora, no quedando del todo satisfecho y aún con un poco de tiempo de sobra, decidí dar una pequeña vuelta por la ciudad. Me deshice de algunas cosas que arrastraba desde Seyda Neen, por las cuales Arrille hubiera pagado una miseria y que probablemente hubiera reconocido como suyas antes que pudiera salir de la tienda. Me deshice también de algunas cosas que encontré casualmente en la ciudad y también de las chucherías que encontré en las cajas; y una vez que mis bolsillos estuvieron más ligeros y mi bolsa de oro más pesada fue cuando me dí cuenta de algo importante: Estas ciudades pequeñas no brindan dificultad alguna, fuera de eso usualmente pandillas pequeñas controlan el sector y los habitantes no tienen posesiones de gran valor.

A este ritmo me demoraré un siglo en hacerme de fortuna, y la paciencia nunca ha sido lo mio, así que solamente hay una cosa por hacer, partir a la gran ciudad en busca de mayores desafíos.

Con la bolsa de oro un poco más llena y una gran sonrisa en la cara parto a Vivec, la ciudad donde habitan los peces gordos.

miércoles, 22 de febrero de 2012

siguiendo las reglas


Observo lentamente los alrededores de este pequeño pueblo, no se ve mucha gente por lo contrario hay demasiados guardias imperiales dando vuelta, no se si me están castigando o realmente es karma pero este pueblo es bastante molesto, sigo buscando información o alguno otra cosa que me pueda servir y se me es curioso que mucha gente comenta rumores de  un espíritu  que anda merodeando y ha robado en casi todas las casa de aquí, inmediatamente se me viene la imagen de esa serpiente compañero mio en la cárcel, sonrió hacia adentro pero me abstengo de decir cualquier cosa y solo muestro una cara intranquila para simular una pequeña intriga.

Esto no me agrada los guardias están muy atentos a los movimientos de todos y mas  a los forasteros, uno en particular me observa con el seño fruncido, intento  aparentar que no lo he visto ya que volver a la cárcel pronto no es de mi agrado, así que me hago de unas cosas y empiezo a salir de la cuidad antes que me pinten de ladrón tan rápido. De repente un hombre se pone ante mi diciendo que aquel lindo anillo es suyo pero casi innato le digo:-ándate al infierno maldito bastar esto es mio y apártate de mi camino- una sutil forma de decir que no. 
Lo a aparto del camino y al fin salgo de este pueblo de mierda. Muchos de sus guardias ya me estaban mirando feo después de mi pequeña platica con aquel hombre, por suerte ya estoy mas aliviado, caminando hacia balmora me pierdo en mis pensamientos y recuerdo a esos infelices de mis compañeros, ese altmer no se porque cada ves que lo veía tenia un huevo en sus manos era extraño sin embargo el nord con su obsesión con las rodillas le ganaba, creo que el dunmer hacia algo lo cual no logro recordar y ese bosmer “sgarr” buen amigo de lo ajeno ayudaba bastante a conseguir mercancía junto con el nord.
Siguiendo mi camino hacia balmora encuentro alejado del camino principal sinos  una pequeña escaramuza, un cuerpo desnudo e inerte ya con algunos signos de a ver sido comido por alguna bestia además de una apuñalada y una flecha enterrada en el piso.

-¡oh, rayos ya esta anocheciendo-

Parece que me he perdido en mis recuerdos y en cosas que no debería darle atención por mucho tiempo . acelero el paso….

Beneficios del oficio

-¿Nombre?

El centurión lucía un rostro serio. Si estaba cansado, su postura no lo delataba.

-¿Nombre?- repetía con un tono inesperado para alguien de su estatura. Me volví a limpiar la cara antes de responder.

-Grae Bennet. Vengo de…-

- No me interesa. ¿Qué buscas en Pelagiad a esta hora?

Algo que me quite estos malditos calambres de la cara, imbécil.

-Un curandero. Un Perro Nix me mordió el cuello y…

El guardia me calló con una mano, cubriéndose la boca con la otra.

-Sigue el sendero, pasando por la posada y la herrería. Una vez dentro del fuerte, vas por la izquierda. Busca a Ygfa. Lárgate.

Finjí una sonrisa y obedecí. Pero sin dar un par de pasos me llamó nuevamente, sin cambiar el tono de voz.

-¿Qué hacías allá en las colinas?

Me sorprendió la pregunta.

-Creía que el depósito estaba abandonado. Me recosté por un par de horas para superar lo peor de la fiebre. Me atacaron…

El centurión se acercó.

-No estoy armado.

Dando un paso más, me estudió de cabeza a pies, entornando los ojos. Mi mano ansiaba a Misericordia, pero contuve el reflejo. Entregándole la lanza a su compañero, abrió mi mochila sin pestañar. Las callampas que había recogido fuera de Seyda Neen fue lo primero que sacó. Le siguieron las Anteras negras, Juncos de oro… pero fue la mora que llamó su atención. La acercó a su rostro, oliendo lentamente. Lokus le habría quebrado esa enorme nariz. O a lo menos eso habría contado después, entre copas. El soldado lentamente dio un paso atrás. Inclinando la cabeza y frunciendo las cejas, me echó con un brazo en dirección del fuerte.

-Te estamos observando, Altmer.

Tierra y sangre

Creo que ya no me persigue. No te des vuelta, estúpido, sigue corriendo. Respira, que ya estás a salvo. Pero bastaba solamente una piedra para hacerme volar y besar la tierra. Con el rostro al suelo quedé exhausto e inmóvil por un buen rato y mis piernas lo agradecían. Horas después, lejos del depósito, mis muslos todavía recuerdan mi escape, agradeciendo cada uno de mis pasos con un fuego insoportable. Y sin embargo, si me hubiese dormido al instante, probablemente no habría despertado. Esa enorme hacha que llevaba en la mano izquierda no parecía estorbarla en absoluto mientras escalaba los túneles, tratando de alcanzarme. Es cierto lo que dicen de los Redguard – sus cuerpos no conocen el cansancio. “¡Te equivocaste de bancada, infeliz!” eran las palabras que me habían salvado.

Cuando finalmente me encontré con la sombra de las torres de Peliagad, me tomé un tiempo para digerir lo que había pasado. Lo que podría haber pasado. Recién ahí, entre largos suspiros, me percaté de que no portaba arma alguna más allá de una vieja daga que encontré en la colonia Kwama. Cuando nuestros ojos se encontraron en la oscuridad de la cueva, me olvidé de mí mismo y actué por instinto. Pie derecho para atrás, media vuelta con el brazo izquierdo, así, la muñeca tranquila. Asegura tu equilibrio, suelta las rodillas. Pero mi mano derecha buscaba en vano detrás de mi espalda: Misericordia no estaba ahí.

Echado sobre la hierba y con tierra en mis ojos, no pude evitar estallar en carcajadas. La joven luna también parecía encontrarlo cómico; un elfo mudo y desgraciado tropezando por no encontrar su espada. Mis pulmones no comprendían el chiste y, de pronto, la risa se convirtió en tos. Con lágrimas en los ojos le di la bienvenida. Esta tos es buena. Sigues vivo.

Debo haber escupido siete veces antes de retomar la marcha al pueblo. Tierra y sangre. Sabores familiares. Sabor a la pandilla.

La Tumba (Parte 1)

Decidí caminar hacia Balmora. No solo como una forma de ahorrarme el pasaje del Silt Strider, sino también como una forma de reencontrarme con mi tierra natal. Esto probó ser una decisión fatal.
Avanzada la tarde empezó a llover torrencialmente, no es que me moleste la lluvia, pero ya era tarde, estaba cansado y tenía hambre. Como faltaba poco para el anochecer decidí que era hora de buscar refugio. Cerca del camino encontré lo que parecía ser una cueva abandonada. Había una inscripción en elfo antiguo en la entrada. A pesar de que mi elfo antiguo estaba un poco oxidado, esos años lejos de Morrowind habían cobrado su precio. Logre entender la siguiente frase:

“Ancestral Tumba de Andrano, solo los…”

Solo los…, que querrá decir, ¿Valientes?, ¿Dignos?...

Bueno a pesar de mi mala espina, decidí ignorar mis supersticiones Dunmer y adentrarme en la cueva.
Me las he visto peores – me dije y di un paso adelante.
                Estaba oscuro, use mi magia para iluminar mi camino, siempre con espada en mano. De repente encontré unas antorchas encendidas.
Para ser una cueva abandonada, no está muy abandonada – me dije. Apague mi llama mágica y seguí a pesar de que mis instintos me rogaban por salir de ahí lo antes posible.
Extraño la entrada no tenia señas de uso en mucho tiempo, sin embargo el interior parece un cuento totalmente distinto, ¿Habrá otra entrada? 
Al llegar a la base de las escaleras encontré el cadáver de un hermano Dunmer, que yacía en la base de las escaleras. A pesar de que obviamente el cuerpo llevaba meses ahí tirado, pude notar que fue apuñalado por la espalda mientras intentaba escapar de algo. ¿Pero de qué? Si hubieran sido esclavistas o bandidos los que estuviesen ocupando esta cueva como base, no habrían dejado el cadáver aquí, para ahogarse ellos mismos en su podredumbre – me dije.
De repente escuche un lamento. Seguí el ruido en busca de su origen. Lo que halle me helo la sangre. A los pies de un altar, el que me pareció pertenecía a san Veloth, se encontraba un espectro. Sus uñas eran como garras, su cara era como si le hubiesen succionado toda la sangre en vida y el resto de su cuerpo, o lo que parecía su cuerpo, estaba cubierto por una túnica gris hecha harapos.   Apenas el ser infernal se percato de mi presencia se me lanzo en un frenesí increíble. Lo único que atine a hacer fue a darle con mi espada, lo cual no fue muy efectivo, puesto que esta paso a través de él como si fuera aire. Probé con lo siguiente a mi disposición, el hechizo bola de fuego. Este resulto ser bastante efectivo. Después unos cuantos intercambios entre bolas de fuego y arañazos, logre derrotar al espectro. Sin embargo el encuentro con el espectro no solo agoto mas de la mitad de mis reservas de magicka, sino que también recibí unas heridas bastante profundas.
Me recline contra el altar y mi cansancio se llevo todas las fuerzas que me quedaban.

Caí en un sueño profundo.

martes, 21 de febrero de 2012

Mil Septims

Llevo cerca de una semana recorriendo este poblado, en un principio tenía la esperanza de que si esperaba lo suficiente quizás podría reunirme con alguno de mis compañeros que hubiera sido liberado después de mi. Pero nada.

Paso las tardes recordando nuestras aventuras en prisión y sonrío. El orco siempre caía en nuestras jugarretas, del Altmer podías obtener casi cualquier cosa siempre y cuando tuvieras un huevo de kwama a cambio. Con el Nord tenía algo más de cercanía, compartíamos un especial agrado por lo ajeno. Del Dunmer poco puedo recordar, le gustaba contar sus historias de que tan habilidoso era en combate... y esas historias me aburrían, lo mío nunca ha sido combatir.

Paso las tardes recordando... Pero de noche... De noche es otro asunto.

Ya no me queda mucho por hacer, prácticamente he barrido todo el pueblo y la gente comienza a sospechar, es cosa de tiempo para que empiecen a sacar cuentas y buscar culpables así que comencé a planear un último golpe aún con la esperanza de que alguno de mis compañeros llegue.
Resulta que el único lugar que tiene cosas de valor y está aún intacto es la tienda del Altmer, pero está demasiado vigilado para hacer el trabajo solo.

...

Anoche decidimos llevar a cabo el plan. Estuvimos hasta muy tarde con Foryn Gilnith esperando una buena oportunidad, pero todo salió mal. No nos dimos cuenta que había alguien cerca y nos atrapó forzando la cerradura, mi compañero no supo mantener la calma.

Llevamos el cuerpo a las afueras de Seyda Neen y lo dejamos abandonado, casi no pude aguantar la tentación de despojarle de sus pertenencias, pero Foryn me aconsejó que era mejor dejarlo así. No confío en él, pero es la única opción por el momento.

La idea es dejar que las cosas se calmen, pero Processus Vitellius es un tipo conocido y pronto la gente empezará a hablar de su desaparición. Le dejaré los detalles a Foryn, yo esta misma noche desaparezco de Seyda Neen, ya no puedo esperar más a mis compañeros.

Con mil septims en la bolsa parto en busca de mejores rumbos.



Servicio comunitario

Viajar a Balmora no iba a ser tarea fácil, especialmente con los limitados fondos que me dieron en la oficina de censo y ejercicio imperial.
Si voy a trabajar para ellos, al menos deberían darme un sueldo decente – pensé.
Lo primero que hice fue dedicarme a recopilar información y pasear por Seyda Neen. Para mi sorpresa los que mejor me trataron fueron los orgullosos Altmer y los Bosmer, mis hermanos Dunmer me trataron como un extranjero que solamente se parecía un poco a ellos. No los culpo, hacía años que no pisaba el suelo de Morrowind y aun más años que no visitaba Seyda Neen.
La última vez que estuve en Seydan Neen fue cuando con mi padre cuando, después de la muerte de mi madre, nos dedicamos a viajar por Morrowind. En esa época no había tantos colonos, o si los había para mi eran inexistentes, probablemente como soy ahora de inexistente para los otros Dunmer. Conocí un particular Bosmer llamado Fargoth que me recomendó un lugar para abastecerme para mi viaje (De hecho el único negocio de Seydan Neen). El lugar era bastante descuidado y Arrille el Tendedero tacaño como nunca lo había visto. Con lo que tenía me alcanzo para una espada y un libro de hechizos. Sin embargo, todavía necesitaba ropa adecuada para el viaje. Arrille me recomendó trabajar para Hrisskar, un Nord perteneciente a la legión, adicto al juego. Mi trabajo para Hrisskar consistía “recolectar” lo que los otros ciudadanos de Seyden Neen le “debían” por su protección. No era el trabajo más popular, ni el mejor remunerado, pero era algo. Aproveche este tiempo de trabajo para averiguar cosas bastante interesantes, como que algunas personas misteriosas y/o peligrosas habían pasado antes por aquí. Las descripciones que daban, correspondían con características de miembros Moon Sugar Gang. Eso me alegro el día. Quería decir que tarde o temprano me encontraría con mis compañeros.
Después de una paga miserable por parte de Hrisskar, que solo me alcanzo para el peto de una armadura mediana, me entere de un rumor de cuevas de esclavistas cerca del pueblo, decidí darle una oportunidad y ver si podía encontrar algo de valor en esas cuevas, que pudiera impulsar mí viaje a Balmora.
Encontré una de las cuevas, pero para mí frustración parece que alguien ya la había atacado hace días. Ni siquiera se molesto en enterrar los cuerpos llenos de flechas, pero si en llevarse todo lo que poseían. Todo lo que encontré fueron rastros de Moon Sugar en unas cajas.
Hubieran sido buenos clientes en la prisión.
Me disponía a irme cuando tres sujetos entraron a la cueva, aparentemente compañeros de los difuntos ocupantes de la cueva. Por suerte alcance a esconderme cerca de la entrada. Dos Dunmer y una Altmer. Uno de los Dunmer (Una mujer) se quedo haciendo guardia en la entrada mientras que los otros dos revisaban en la cueva en busca de pistas de lo que había pasado con sus compañeros.
No estarán muy contentos cuando se enteren – me dije, e intente salir sin que me vieran. Sin embargo, tropecé y la mujer Dunmer se percato de mi presencia. Lanzo un grito de guerra y se me abalanzo blandiendo su afilada daga, por suerte alcance a lanzar un hechizo protector sobre mí y la daga reboto como si fuera un palo. Rápidamente recupere el balance y le di una estocada. Cayó muerta en segundos. Desgraciadamente sus compañeros oyeron nuestro pequeño duelo y aparecieron inmediatamente en la habitación. Pude notar como el rostro del otro Dunmer se desfiguraba de rabia al ver el cadáver ensangrentado de su compañera a mis pies, rabia que solo un hermano o un amante podría demostrar ante aquella situación. Antes de que pudiera reaccionar el esclavista Dunmer me lanzo una consecución de bolas de fuego que acabo con mis defensas mágicas. Por suerte los Dunmer somos resistentes al fuego sino estaría muerto. Alcance a cubrirme tras una roca y lance unas bolas de fuego para mantener a los esclavistas a raya. Casi sin Magicka y superado dos a uno tuve que pensar en una solución rápida sino quería morir ahí. Parte de la paga que me dio Hrisskar fue un anillo de curación, tomado como parte de pago a uno de sus infortunados “deudores”, y ese era el momento oportuno para usarlo. Una vez un poco mejor de mis quemaduras, lance nuevamente protecciones mágicas sobre mí, pero esta vez también inmole mi espada cosa de que hiciera más daño. Me lance directamente al hechicero Dunmer, al mismo tiempo que evadía como podía los cuchillos arrojadizos de su compañera Altmer. A pesar de que no pude evadir todos los cuchillos, los que me impactaban se deflactaban contra mis defensas mágicas. La cara del joven hechicero Dunmer se llenaba de arrugas debido a la furia, mientras que las lágrimas caían de sus ojos como cataratas. De repente empezó a lanzar una invocación que reconocí.
Sabía muy bien que si el terminaba su invocación no quedaría nada mi, nada de ellos ni nada de esta cueva en pie. Tenía que detenerlo. Apure mi paso desviando todo el Magicka de mis defensas mágicas al hechizo en mi espada. Mi acero y magias combinadas lograron sobrepasar sus defensas magicas y le corte la cabeza de un corte. A diferencia de la mujer Dunmer, del cadáver hechicero casi no broto sangre. La temperatura de la espada era tal, que cauterizo automáticamente la herida, mi júbilo por la hazaña fue tal que me olvide por completo de la atacante Altmer. Para cuando me acorde de ella era demasiado tarde. Tres cuchillos, el primero me hizo un tajo en el brazo donde llevaba la espada, haciéndome botar mi arma, el otro me hizo un corte en el costado y el último se clavo en mi pie.
Con expresión triunfante la Altmer se me acerco dispuesta a darme el golpe de gracia. Aproveche esa oportunidad juntado lo que me quedaba de Magicka y le lance una bola de fuego, que la golpeo en el costado. Mientras ella se retorcía de dolor, me saque el cuchillo del pie y empecé un hechizo de curación con lo que sobro de Magicka, no había querido usarlo antes, para conservar algo de Magicka, pero como estaban las cosas sino lo lanzaba no me podía ni mover. Tome mi espada y mire a la Altmer. Lloraba de dolor mientras se retorcía en el suelo.
Lo siento – murmure, y de un golpe limpio con mi espada acabe con su sufrimiento. Después de tomar lo que necesitaba de mis atacantes, enterré los cuerpos (tanto de mis victimas como los cadáveres que encontré al encontrar la cueva). Después de encontrar un lugar lejos de las cuevas para descansar, recupere mis fuerzas y partí hacia Balmora.

los principios




Día 1
Unos guardias aparecen en mi celda, cubren mi rostro con algo lo cual no me permite ver, me arrastran por los pasadizos de la cárcel durante varios minutos cuando siento que soy lanzado como a un precipicio por suerte la caída es corta, escucho una voz que dice:-muy bien llévenselo y déjenlo en la bodega con el otro-
Siento como nuevamente alguien me arrastra y me lanza a una habitación, la fuerza con la que me lanza hace que choque con mi cabeza contra algo duro como una caja perdiendo la conciencia, empiezo a recordar aquellos momentos en la cárcel, todo ese lindo dinero que fácilmente ganaba y ahora el destino me juega una nueva treta.
Despierto veo la bodega y a mi lado un dunmer también prisionero durante el viaje me cuenta que nos dirigimos a morriwind. En mi mente surgen nuevas ideas para mis negocios pero lamentablemente to do es frutado cuando escucho a un guardia que ahora trabajaría pa un tal emperador. Trabajar para alguien no es una idea muy grata , pero viendo mis posibilidades de libertad supongo que acatare por mientras a las reglas.
Finalmente el barco toca puerto en Seyda neen,saliendo del barco veo muchos guardias lo cual no me agrada estar rodeado de la ley, por ahora cumplir con desagrado estas estúpidas reglas. Después de un papeleo estúpido los guardias me dicen que tengo que ir a entregar un paquete a un cuidad llamada balmora.
-acaso este martirio terminara? Espero que si- diciéndomelo a mi mismo
salgo finalmente de la casa de guardia sin antes llevarme una daga y un anillo bastante peculiar que tal ves sirva o sino se venderá al mejor postor.

Camino hacia Balmora


Ethan. Día 3
La primera luz de la mañana me despertó, el cuerpo de a quien pertenecía la cama seguía ahí, con un par de flechas clavadas al pecho y comenzaba a oler mal, pero no había problema ya que seria la ultima vez que me verían en Seyda Neen, aproveche de llevarme algunas cosas del cadáver, el ya no las necesitaba y salí de aquella casa tal como si fuera la mía, sentía la adrenalina en mi cuerpo, removiendo el oxido que me había dado todo ese tiempo en la cárcel, me siento vivo de nuevo y creo que estoy listo para volver al oficio.

Nada mas salir de Seyda Neen vi un extraño libro tirado en el piso, mientras me acercaba a el escuche un grito atronador que venia desde el cielo, mire hacia arriba y vi a un hombre cayendo como si un gigante lo hubiera lanzado desde una nube, el ruedo de huesos rotos al caer fue como si estrujaras a una gallina con las manos desnudas, con seguridad no había sobrevivido y como digo siempre "los muertos no necesitan sus cosas" por lo que aproveche de limpiarlo, como han cambiado las cosas en Morrowind, pero supongo que lo que busco esta cerca, espero que el resto este bien.

Después del lío del tío volador, no tarde mucho en recobrar el rumbo hacia Balmora, pero en este condenado sitio hay tanto en que distraerse que al encontrar la entrada a la primera cueva, no pude aguantar la idea de entrar y hacer jaleo, patie la puerta y un tipo se me acerco daga en mano a darme la bienvenida, saque mi arco rápidamente y un par de flechas terminaron su historia, entre sus cosas había una llave, y cuando hay una llave es porque algo importante necesita ser guardado, por lo que me adentre mas en la cueva, me carcomía la idea de que podría haber guardado en el sitio donde la llave cobraba sentido, después de terminar con dos tipos mas llegue finalmente al lugar donde la llave tenia sentido, era una celda y dentro 3 tipos con grilletes, me recordó a mi mismo y a mis amigos cuando estábamos en la cárcel, así que use la llave y les libere de sus grilletes, "ahora son libres" les dije, y comencé a volver por donde había llegado, mientras me retiraba me agradecieron pero eso no tenia importancia, lo realmente importante vendría cuando volvía a la entrada de la cueva, una pila de cajas y en su interior oro y... Moon Sugar, en ese momento muchos recuerdos vinieron a mi mente, imágenes de cuando hacíamos nuestros "encargos" con los chicos de la banda, creo que aprovechare la fogata y dormiré hasta recuperar fuerzas, nada me apura en llegar a Balmora, ahora solo quiero descansar...

Volver a aprender

Ethan. Día 2, durante la tarde
Decidí salir a explorar un poco y así recuperar de a poco el oficio, lanzaría golpes a lo primero que encontrara, despues de una corta caminata fuera de Seyda Nenn no tarde mucho en encontrar algunas alimañas, luche solo contra un par de bichos, los suficientes para sentir el oxido en mi tecnica, aquel tiempo en la carcel le habia pasado la cuenta a mis habilidades con la espada y el arco, pero las recuperaria con la practica por lo que no me preocupaba mucho.

 Ha sido peor de lo que esperaba, parece que aquí el imperio cumple su parte hasta donde terminan los pueblos, fuera de ellos es un campo de batalla, volveré a Seyda Neen para comprar provisiones y descansar un poco, mañana salgo hacia Balmora, pero antes platicare con algunos contactos, nunca se me ha dado eso de batir la lengua, pero quizás algo de información hará mas ameno mi viaje.

De prisionero a mensajero

Al dirigirme donde el capitán, pase por una pequeña habitación y vi una daga. Cuando no me estuvieron observando la tome y la escondí bajo mi manga.
Si no me dan mi libertad tendré que tomarla -pense-. Me dispongo a dejar la habitación cuando noto un pequeño libro rojo.
“El Firmamento” así se titula, lo meto también entre mis bolsillos y me dirijo donde se encuentra el capitán.
Entre en la oficina del capitán, estaba iluminada solo por velas, a diferencia de la oficina de Socucius.
El capitán me quita de la mano mis papeles de identificación y se introduce. Sellus Gravius, ese es el nombre del hombre al que me dispongo a matar.
Si no me dan mi libertad, he de tomarla - pensé para mis adentros.
Sentía como se me entumecían los dedos de tanto apretar la daga que tenia escondida bajo la manga. De repente el Sellus se dirige hacia mí. ¿Habrá descubierto mis intenciones? - me dije a mi mismo- No, no puede ser. Mientras me preparaba para lo peor, Sellus me entrego un paquete y me dijo -Debes llevar este paquete a Balmora y entregárselo a Caius Cosades, después deberás seguir sus instrucciones. Sellus dejo el paquete en mis manos y se dio la vuelta para revisar unos papeles.
Esta es mi oportunidad – me dije.
Me dispuse a atacarlo, podía sentir como me corría el sudor por la frente, había perdido la sensación en la mano de tanto apretar el cuchillo. El siguiente minuto transcurrió como si fuera una hora.
¿Sigues aquí? – dijo Sellus – márchate, tengo cosas de que ocuparme, no tengo tiempo para ti. Asentí y deje la habitación. Como tan estúpido, si lo hubiera asesinado hubiese sido el fin. Bueno claro lo mato y luego que…
¿Cómo escapo?
¿Me entrego a los guardias?
¿De vuelta a la prisión Imperial?
No claro que no, hubiera terminado en mi ejecución. Menos mal que reflexione en el último momento, ese tipo de acciones impulsivas fue lo que me llevo a la prisión en primer lugar. Siempre me digo, piensa antes de actuar, y por supuesto hago todo lo opuesto.
Bueno mejor una falsa libertad que nada. Ahora hacia Balmora…
Me pregunto que será del resto de la pandilla.

Huevos

Quizás me lo merecía. Siempre había escuchado que las colonias de Kwama son feroces al proteger sus huevos, pero nunca me esperaba tal temeridad en un animal. No, todo es culpa de Hrisskar. Si no me hubiese estafado… Bah, la Legión hace lo que quiere acá, parece. Cuando le dije que con 100 no me alcanzaba para un viaje sobre el Slith, se burló de mí, ahí, delante de todos. Creo que escuché esa risilla tonta de Arrille en el piso inferior. Maldito Arrille. Lo insulté devuelta, pero mis mofas rebotaron ante esa sonrisa engreída y ahora ni siquiera me habla. Solía ser tan bueno para esto. Antes del día en el que me quitaron la licencia. Antes de Morrowind.

Una lluvia repentina me obligó a buscar un techo en una colonia Kwama. La humedad era insoportable adentro y mi estómago ansiaba, no, necesitaba esos huevos. “El oro blanco” lo llamaba Neros; el código que usábamos para camuflar el azúcar con la pandilla. Seguramente sigue creyendo que somos vendedores de huevos. Pobre e inocente Neros.

Los calambres volvieron a empezar. No siento el lado izquierdo de mi cara y mi cuello... mi cuello está rígido. No, mis mejillas están peor, hirvientes y... ¿moradas? ¡Y el calor, Magnus, el calor! Creo que lo llaman Cáncer de cenizas: una infección leve te adormece el rostro en menos de dos minutos. Una grave… No, espero que sea leve. Tiene que ser leve. Un obrero Kwama no es tan peligroso, ¿o no?

A penas puedo hablar. Con mi boca goteando y mis cejas fruncidas, debo parecer un torpe. Si me vieras ahora, te estarías riendo tú, Neros. Con mi rostro así no puedo presentarme al gremio. A un elfo mudo no le devolverán la licencia, así que calma: Caldera tendrá que esperar. Según el mapa que me llevé de Seyda Neen, el curador más cercano está en el puesto avazado imperial de Pelagiad. Y eso deben ser sus muros, allá, detrás de esas colinas. Ya casi llego.

Pero antes necesito descansar mis pies. A lo menos en esta cueva nadie se burlará de mi cara; parece que este depósito ha estado abandonado por años. ¿Es eso una fogata? No, nada. Debe ser la fiebre. No es tan húmedo acá, podría dormir una hora o dos y llegar a Pelagiad en la tarde sin mis rodillas temblando con cada paso. Espero que me alcance el dinero para el tratamiento, no aguantaré otro día sin poder hablar. Calla mudo estúpido, duerme primero, quizás se te pasa al despertar. Malditos huevos.


creo que escuche una voz.

El precio de la libertad

El guardia me mira con mirada de desprecio, la misma mirada que ha tenido desde que abandonamos la prisión.
Que pasa, aun no te acostumbras a mi compañía – le dije en tono burlón - Seguro que ya me habrás empezado a estimar a estas alturas.
El se limito a indicar la escotilla y dijo – llegamos, será mejor que te prepares.
Mi expresión de sorpresa debe de haber sido muy obvia, puesto que el guardia soltó una leve sonrisa y dijo – no sabes lo que te espera.
Al desembarcar en Seyda Neen me guiaron a una pequeña oficina donde me esperaba un hombre de edad ya avanzada llamado Socucius. Muy amablemente me indico una silla y me invito a tomar asiento.
Es un procedimiento estándar - me dijo - solo necesito unos datos para tener listos los papeles para tu liberación. Me limite a asentir y a responder a sus preguntas, luego me entrego un documento y me dijo que me dirigiera donde el capitán para terminar con los tramites.
Al leer el documento hay una frase al final que me hiela la sangre, “Agente del Censo Imperial de Seyda Neen”. Aparentemente mis ilusiones de libertad eran infundadas. Ahora todo tiene sentido.
Todo tiene un precio, incluso la libertad.

Lokus (Prologo)

Seguía a la voz que me llamaba, los campos, la luna, mi hogar...
De repente desperté, un sueño, un maldito sueño...
No importa - me dije a mi mismo- pronto regresare.
Ha pasado una semana desde que salí de la prisión. Como si ese viaje en carro no hubiese sido suficiente, pasar los últimos días encerrado en la bodega de un barco, comiendo pan mohoso no fue ningún consuelo. Sin embargo,  nada de eso importaba ahora, pronto estaría en casa, Morrowind, mi tierra natal, la tierra de los míos, la tierra en donde los últimos 400 años mi pueblo, los malditos como nos llaman, los Dunmer han sido esclavos del imperio. Ahora me dirijo a ese destino, mientras me pregunto qué habrá sido de mis compañeros, la Moon Sugar Gang.
Alguien toca a la puerta. Me levanto a ver de que se trata.

lunes, 20 de febrero de 2012

Arrille

Con esa actitud no vas a hacerte amigos por aquí, extranjero”, me dijo.

Es extraño, pero no me molesta que me llamen así. Supongo que debería importarme más, como él era de los míos. Con Jiub habíamos conversado en el barco sobre lo mismo, Morrowind, su tierra natal, mientras compartíamos ese crudo huevo de Kwama. El guardia no quiso explicarme por qué el joven Dunmer no me acompañaría a la oficina de registros. Espero que esté bien… siempre me dejaba el trozo más grande.

Raza no lo es todo, supongo. A lo menos no lo es para imbéciles como Arrille. ¿Qué se cree? La armadura claramente tenía desgastes, 80 septims eran demasiado para ese trozo de chatarra. Cuando le ofrecí 68 me miró como si lo hubiese insultado. “¡Otro Altmer en Seyda Neen!” había exclamado con brazos abiertos cuando entré. Todo olvidado, claro, cuando le sugerí un par de mejoras a sus pócimas. Podrás venderme esa excusa de armadura, pero ni lo intentes con pociones, no no. Está bien, Arrille, quédate con tu almacén. He tratado con gente como tú toda mi vida. Tú y tu amiguito Fargoth, no los necesito.

Veamos qué haces cuando a tu amigo se le vuelve a perder el anillo.