sábado, 25 de febrero de 2012
La Tumba (Parte 3)
La sombra entre las sombras
viernes, 24 de febrero de 2012
Restaurando la Espada
Recuerdos de un pasado etéreo
Aquel ser de ropajes y ojos negros reía a carcajadas mientras se acercaba a mi, yo sin poder mover ningún musculo y con la mirada clavada en el, me sentía impotente ante la idea que yo seria el próximo en caer, llego a un paso de mi y me dijo "tu padre ya esta muerto y tu eres el ultimo que queda de tu clase, puedo apostar que ya no recuerdas siquiera mi nombre, porque no me respondes, ahhh se me olvida que no puedes hablar, pero vamos a solucionar eso."
-vi como nuevamente lanzo un hechizo y podía hablar nuevamente, "que le haz hecho a mi padre" le dije con furia mientras no podía creer que fuera mi padre el que acababa de ver morir.
-tranquilo, tranquilo, el murió hace mucho tiempo y esto es solo un recuerdo, pero en otros temas no sabes lo complicado que fue sacarte de la cárcel, ahí dentro matarte no hubiera tenido sentido y para hacerlo mas divertido prefiero dejar la opción en tus manos. Yo me largo de aquí, si quieres matarme adelante, pero primero tendrás que buscarme, así como estas darías mucha menos pelea que tu padre y él fue muy fácil.
Nuevamente su sonrisa inundo su rostro, la que se perdió tornándose negra al igual que su rostro, y cuando todo lo que había dentro del gorro de la túnica fue tinieblas, simplemente desapareció...
Desperté sudando al lado de la fogata, mi cabeza daba vueltas y todo se veía borroso, luego de un momento respirando profundamente las cosas a mi alrededor comenzaron a volverse solidas de nuevo, me levante lentamente para que no volviera el mareo y tome mis cosas, era hora de partir, pero en la puerta de la cueva alguien había dejado algo para mi y creo que sabia quien era ese alguien, era un pergamino el que abrí rápidamente, tenia muchas dudas y pocas respuestas, eso me estaba volviendo loco, deje esos pensamientos de lado y centre mi atención en el pergamino, este contenía un dibujo y un texto, el dibujo me pareció familiar, tan familiar que comencé a sudar helado, tan helado como los hielos de Skyrim, mis ojos se llenaron de lagrimas y en ese momento todo cobro sentido, el hombre de negro había estado ahí, para devolver mis recuerdos y seguir con su enfermo juego de muerte y dolor, el pergamino tenia dibujado al hombre de negro con su túnica y su bastón, mientras que el texto decía "Tu padre esta muerto y tu eres el ultimo.", seque mis lagrimas guarde el pergamino y salí de la cueva, volvería a Seyda Neen por algo de información, si estuvo aquí quizás paso por ahí.
Algún día lo encontrare y cuando eso suceda habrá un hechicero menos en este mundo y mi ira se habrá apaciguado.
La Tumba (Parte 2)
Ascendiendo las Filas
No me gusta caminar bajo la lluvia, mucho menos vistiendo estos trapos que poco y nada me protegen, pero debo actuar con presteza. Y tampoco es como si tuviera donde hospedarme.
Al principio me siento desorientado. La ciudad no es ni la mitad de la capital imperial, pero la noche, la lluvia y mi ignorancia del territorio me impiden encontrar mi destino. Sin encontrar éxito actuando por mi cuenta, no me queda más que recurrir a los locales. Son fríos, pero no amenazantes como en Seyda Neen. Sean quienes sean, los otros extranjeros de los que oí hablar no deben haber pisado estas calles todavía.
Después de mucho merodear -y resbalar un par de veces, debo agregar-, doy con una pequeña casa donde supuestamente vive el individuo que busco. Toco la puerta. Pronto soy recibido por un hombre entrado en años, pero de gruesa complexión.
-¿Caius Cosades? -le preguntó.
-¿Quién desea saberlo? -contraataca con antipatía, analizándome de pies a cabeza.
Sin emitir palabra alguna, le extiendo la encomienda que debía entregarle. Una sonrisa sardónica se dibuja en su rostro y me invita a pasar. No tengo motivo para rechazar su oferta.
Una vez dentro comienza a hablarme de esta organización: "Blades". Aparentemente son espías del Imperio, un importante servicio de inteligencia. Este hombre es su líder, y desde ahora, mi superior.
Esto es lo que esperaba. Me encuentro en el fondo del tótem, pero al menos estoy en él y eso es lo que importa. Ahora sólo debo trabajar duro y ganarme un nombre. No lo quisiera de otra forma.
Emocionado por poder serle de utilidad a mi Imperio, solicito mis primeras órdenes.
Debo consultar a un hombre llamado Hasphat Antabolis, en el Gremio de los Guerreros. Él tiene información sobre unos cultos secretos que los Blades están investigando. Sólo debo obtener la información y volver para reportarla. Suena fácil.
Antes de irme, Caius me da doscientas monedas de oro para gastar como me plazca, junto con sugerirme que conozca a sus otros subordinados, muchos de los cuales viven en la ciudad. También me aconseja crear una identidad que dificulte identificarme con un servicio como el nuestro, ya sea ganándome una reputación como independiente o buscando fama dentro de los distintos Gremios que aloja la ciudad.
Aprovechando que todavía no era demasiado tarde, decido pasearme por la ciudad para conocer al resto de los Blades. Son todas charlas breves, pero bastante informativas. Por si fuera poco, recibo también algunas piezas de armadura que deberían resultarme bastante útiles.
Mi última parada del día sería el Gremio de los Guerreros. No me cuesta encontrar a Antabolis, quien no me pone las cosas fáciles. Si quiero la información, debo ir a las ruinas Dwemer de Arkngthand y encontrar algo que él llama "Caja Rompecabezas Dwemer", un objeto cúbico con varias inscripciones en él, según me relata. No tengo opción, no me encuentro en un lugar donde recurrir a la intimidación rinda frutos, por lo que accedo a su petición.
Siendo tarde y estando yo muy cansado como para ir a explorar unas antiguas ruinas, pienso que lo mejor es unirme al Gremio de los Guerreros. Ofrece refugio y provisiones -más de lo que merezco-. Puedo utilizar el lugar como base de operaciones y cumplir con algunos trabajos para el Gremio antes de aventurarme en Arkngthand. Con algo de suerte, mataré suficiente tiempo para que alguno de mis amigos pase por la ciudad. Claro, eso si es que de verdad sigue alguno con vida.
jueves, 23 de febrero de 2012
Desconfianza
El Sueño
Lealtad
Peces Gordos
miércoles, 22 de febrero de 2012
siguiendo las reglas
Beneficios del oficio
-¿Nombre?
El centurión lucía un rostro serio. Si estaba cansado, su postura no lo delataba.
-¿Nombre?- repetía con un tono inesperado para alguien de su estatura. Me volví a limpiar la cara antes de responder.
-Grae Bennet. Vengo de…-
- No me interesa. ¿Qué buscas en Pelagiad a esta hora?
Algo que me quite estos malditos calambres de la cara, imbécil.
-Un curandero. Un Perro Nix me mordió el cuello y…
El guardia me calló con una mano, cubriéndose la boca con la otra.
-Sigue el sendero, pasando por la posada y la herrería. Una vez dentro del fuerte, vas por la izquierda. Busca a Ygfa. Lárgate.
Finjí una sonrisa y obedecí. Pero sin dar un par de pasos me llamó nuevamente, sin cambiar el tono de voz.
-¿Qué hacías allá en las colinas?
Me sorprendió la pregunta.
-Creía que el depósito estaba abandonado. Me recosté por un par de horas para superar lo peor de la fiebre. Me atacaron…
El centurión se acercó.
-No estoy armado.
Dando un paso más, me estudió de cabeza a pies, entornando los ojos. Mi mano ansiaba a Misericordia, pero contuve el reflejo. Entregándole la lanza a su compañero, abrió mi mochila sin pestañar. Las callampas que había recogido fuera de Seyda Neen fue lo primero que sacó. Le siguieron las Anteras negras, Juncos de oro… pero fue la mora que llamó su atención. La acercó a su rostro, oliendo lentamente. Lokus le habría quebrado esa enorme nariz. O a lo menos eso habría contado después, entre copas. El soldado lentamente dio un paso atrás. Inclinando la cabeza y frunciendo las cejas, me echó con un brazo en dirección del fuerte.
-Te estamos observando, Altmer.
Tierra y sangre
Creo que ya no me persigue. No te des vuelta, estúpido, sigue corriendo. Respira, que ya estás a salvo. Pero bastaba solamente una piedra para hacerme volar y besar la tierra. Con el rostro al suelo quedé exhausto e inmóvil por un buen rato y mis piernas lo agradecían. Horas después, lejos del depósito, mis muslos todavía recuerdan mi escape, agradeciendo cada uno de mis pasos con un fuego insoportable. Y sin embargo, si me hubiese dormido al instante, probablemente no habría despertado. Esa enorme hacha que llevaba en la mano izquierda no parecía estorbarla en absoluto mientras escalaba los túneles, tratando de alcanzarme. Es cierto lo que dicen de los Redguard – sus cuerpos no conocen el cansancio. “¡Te equivocaste de bancada, infeliz!” eran las palabras que me habían salvado.
Cuando finalmente me encontré con la sombra de las torres de Peliagad, me tomé un tiempo para digerir lo que había pasado. Lo que podría haber pasado. Recién ahí, entre largos suspiros, me percaté de que no portaba arma alguna más allá de una vieja daga que encontré en la colonia Kwama. Cuando nuestros ojos se encontraron en la oscuridad de la cueva, me olvidé de mí mismo y actué por instinto. Pie derecho para atrás, media vuelta con el brazo izquierdo, así, la muñeca tranquila. Asegura tu equilibrio, suelta las rodillas. Pero mi mano derecha buscaba en vano detrás de mi espalda: Misericordia no estaba ahí.
Echado sobre la hierba y con tierra en mis ojos, no pude evitar estallar en carcajadas. La joven luna también parecía encontrarlo cómico; un elfo mudo y desgraciado tropezando por no encontrar su espada. Mis pulmones no comprendían el chiste y, de pronto, la risa se convirtió en tos. Con lágrimas en los ojos le di la bienvenida. Esta tos es buena. Sigues vivo.
Debo haber escupido siete veces antes de retomar la marcha al pueblo. Tierra y sangre. Sabores familiares. Sabor a la pandilla.
La Tumba (Parte 1)
“Ancestral Tumba de Andrano, solo los…”
Solo los…, que querrá decir, ¿Valientes?, ¿Dignos?...
Me las he visto peores – me dije y di un paso adelante.
Para ser una cueva abandonada, no está muy abandonada – me dije. Apague mi llama mágica y seguí a pesar de que mis instintos me rogaban por salir de ahí lo antes posible.
Extraño la entrada no tenia señas de uso en mucho tiempo, sin embargo el interior parece un cuento totalmente distinto, ¿Habrá otra entrada?
Al llegar a la base de las escaleras encontré el cadáver de un hermano Dunmer, que yacía en la base de las escaleras. A pesar de que obviamente el cuerpo llevaba meses ahí tirado, pude notar que fue apuñalado por la espalda mientras intentaba escapar de algo. ¿Pero de qué? Si hubieran sido esclavistas o bandidos los que estuviesen ocupando esta cueva como base, no habrían dejado el cadáver aquí, para ahogarse ellos mismos en su podredumbre – me dije.
De repente escuche un lamento. Seguí el ruido en busca de su origen. Lo que halle me helo la sangre. A los pies de un altar, el que me pareció pertenecía a san Veloth, se encontraba un espectro. Sus uñas eran como garras, su cara era como si le hubiesen succionado toda la sangre en vida y el resto de su cuerpo, o lo que parecía su cuerpo, estaba cubierto por una túnica gris hecha harapos. Apenas el ser infernal se percato de mi presencia se me lanzo en un frenesí increíble. Lo único que atine a hacer fue a darle con mi espada, lo cual no fue muy efectivo, puesto que esta paso a través de él como si fuera aire. Probé con lo siguiente a mi disposición, el hechizo bola de fuego. Este resulto ser bastante efectivo. Después unos cuantos intercambios entre bolas de fuego y arañazos, logre derrotar al espectro. Sin embargo el encuentro con el espectro no solo agoto mas de la mitad de mis reservas de magicka, sino que también recibí unas heridas bastante profundas.
Me recline contra el altar y mi cansancio se llevo todas las fuerzas que me quedaban.
Caí en un sueño profundo.
martes, 21 de febrero de 2012
Mil Septims
Servicio comunitario
Sabía muy bien que si el terminaba su invocación no quedaría nada mi, nada de ellos ni nada de esta cueva en pie. Tenía que detenerlo. Apure mi paso desviando todo el Magicka de mis defensas mágicas al hechizo en mi espada. Mi acero y magias combinadas lograron sobrepasar sus defensas magicas y le corte la cabeza de un corte. A diferencia de la mujer Dunmer, del cadáver hechicero casi no broto sangre. La temperatura de la espada era tal, que cauterizo automáticamente la herida, mi júbilo por la hazaña fue tal que me olvide por completo de la atacante Altmer. Para cuando me acorde de ella era demasiado tarde. Tres cuchillos, el primero me hizo un tajo en el brazo donde llevaba la espada, haciéndome botar mi arma, el otro me hizo un corte en el costado y el último se clavo en mi pie.
Con expresión triunfante la Altmer se me acerco dispuesta a darme el golpe de gracia. Aproveche esa oportunidad juntado lo que me quedaba de Magicka y le lance una bola de fuego, que la golpeo en el costado. Mientras ella se retorcía de dolor, me saque el cuchillo del pie y empecé un hechizo de curación con lo que sobro de Magicka, no había querido usarlo antes, para conservar algo de Magicka, pero como estaban las cosas sino lo lanzaba no me podía ni mover. Tome mi espada y mire a la Altmer. Lloraba de dolor mientras se retorcía en el suelo.
Lo siento – murmure, y de un golpe limpio con mi espada acabe con su sufrimiento. Después de tomar lo que necesitaba de mis atacantes, enterré los cuerpos (tanto de mis victimas como los cadáveres que encontré al encontrar la cueva). Después de encontrar un lugar lejos de las cuevas para descansar, recupere mis fuerzas y partí hacia Balmora.
los principios
Día 1
Unos guardias aparecen en mi celda, cubren mi rostro con algo lo cual no me permite ver, me arrastran por los pasadizos de la cárcel durante varios minutos cuando siento que soy lanzado como a un precipicio por suerte la caída es corta, escucho una voz que dice:-muy bien llévenselo y déjenlo en la bodega con el otro-
Siento como nuevamente alguien me arrastra y me lanza a una habitación, la fuerza con la que me lanza hace que choque con mi cabeza contra algo duro como una caja perdiendo la conciencia, empiezo a recordar aquellos momentos en la cárcel, todo ese lindo dinero que fácilmente ganaba y ahora el destino me juega una nueva treta.
Despierto veo la bodega y a mi lado un dunmer también prisionero durante el viaje me cuenta que nos dirigimos a morriwind. En mi mente surgen nuevas ideas para mis negocios pero lamentablemente to do es frutado cuando escucho a un guardia que ahora trabajaría pa un tal emperador. Trabajar para alguien no es una idea muy grata , pero viendo mis posibilidades de libertad supongo que acatare por mientras a las reglas.
Finalmente el barco toca puerto en Seyda neen,saliendo del barco veo muchos guardias lo cual no me agrada estar rodeado de la ley, por ahora cumplir con desagrado estas estúpidas reglas. Después de un papeleo estúpido los guardias me dicen que tengo que ir a entregar un paquete a un cuidad llamada balmora.
-acaso este martirio terminara? Espero que si- diciéndomelo a mi mismo
salgo finalmente de la casa de guardia sin antes llevarme una daga y un anillo bastante peculiar que tal ves sirva o sino se venderá al mejor postor.
Camino hacia Balmora
Ethan. Día 3
Volver a aprender
Decidí salir a explorar un poco y así recuperar de a poco el oficio, lanzaría golpes a lo primero que encontrara, despues de una corta caminata fuera de Seyda Nenn no tarde mucho en encontrar algunas alimañas, luche solo contra un par de bichos, los suficientes para sentir el oxido en mi tecnica, aquel tiempo en la carcel le habia pasado la cuenta a mis habilidades con la espada y el arco, pero las recuperaria con la practica por lo que no me preocupaba mucho.
Ha sido peor de lo que esperaba, parece que aquí el imperio cumple su parte hasta donde terminan los pueblos, fuera de ellos es un campo de batalla, volveré a Seyda Neen para comprar provisiones y descansar un poco, mañana salgo hacia Balmora, pero antes platicare con algunos contactos, nunca se me ha dado eso de batir la lengua, pero quizás algo de información hará mas ameno mi viaje.
De prisionero a mensajero
Huevos
Quizás me lo merecía. Siempre había escuchado que las colonias de Kwama son feroces al proteger sus huevos, pero nunca me esperaba tal temeridad en un animal. No, todo es culpa de Hrisskar. Si no me hubiese estafado… Bah, la Legión hace lo que quiere acá, parece. Cuando le dije que con 100 no me alcanzaba para un viaje sobre el Slith, se burló de mí, ahí, delante de todos. Creo que escuché esa risilla tonta de Arrille en el piso inferior. Maldito Arrille. Lo insulté devuelta, pero mis mofas rebotaron ante esa sonrisa engreída y ahora ni siquiera me habla. Solía ser tan bueno para esto. Antes del día en el que me quitaron la licencia. Antes de Morrowind.
Una lluvia repentina me obligó a buscar un techo en una colonia Kwama. La humedad era insoportable adentro y mi estómago ansiaba, no, necesitaba esos huevos. “El oro blanco” lo llamaba Neros; el código que usábamos para camuflar el azúcar con la pandilla. Seguramente sigue creyendo que somos vendedores de huevos. Pobre e inocente Neros.
Los calambres volvieron a empezar. No siento el lado izquierdo de mi cara y mi cuello... mi cuello está rígido. No, mis mejillas están peor, hirvientes y... ¿moradas? ¡Y el calor, Magnus, el calor! Creo que lo llaman Cáncer de cenizas: una infección leve te adormece el rostro en menos de dos minutos. Una grave… No, espero que sea leve. Tiene que ser leve. Un obrero Kwama no es tan peligroso, ¿o no?
A penas puedo hablar. Con mi boca goteando y mis cejas fruncidas, debo parecer un torpe. Si me vieras ahora, te estarías riendo tú, Neros. Con mi rostro así no puedo presentarme al gremio. A un elfo mudo no le devolverán la licencia, así que calma: Caldera tendrá que esperar. Según el mapa que me llevé de Seyda Neen, el curador más cercano está en el puesto avazado imperial de Pelagiad. Y eso deben ser sus muros, allá, detrás de esas colinas. Ya casi llego.
Pero antes necesito descansar mis pies. A lo menos en esta cueva nadie se burlará de mi cara; parece que este depósito ha estado abandonado por años. ¿Es eso una fogata? No, nada. Debe ser la fiebre. No es tan húmedo acá, podría dormir una hora o dos y llegar a Pelagiad en la tarde sin mis rodillas temblando con cada paso. Espero que me alcance el dinero para el tratamiento, no aguantaré otro día sin poder hablar. Calla mudo estúpido, duerme primero, quizás se te pasa al despertar. Malditos huevos.
…creo que escuche una voz.
El precio de la libertad
Que pasa, aun no te acostumbras a mi compañía – le dije en tono burlón - Seguro que ya me habrás empezado a estimar a estas alturas.
El se limito a indicar la escotilla y dijo – llegamos, será mejor que te prepares.
Mi expresión de sorpresa debe de haber sido muy obvia, puesto que el guardia soltó una leve sonrisa y dijo – no sabes lo que te espera.
Lokus (Prologo)
De repente desperté, un sueño, un maldito sueño...
No importa - me dije a mi mismo- pronto regresare.
Ha pasado una semana desde que salí de la prisión. Como si ese viaje en carro no hubiese sido suficiente, pasar los últimos días encerrado en la bodega de un barco, comiendo pan mohoso no fue ningún consuelo. Sin embargo, nada de eso importaba ahora, pronto estaría en casa, Morrowind, mi tierra natal, la tierra de los míos, la tierra en donde los últimos 400 años mi pueblo, los malditos como nos llaman, los Dunmer han sido esclavos del imperio. Ahora me dirijo a ese destino, mientras me pregunto qué habrá sido de mis compañeros, la Moon Sugar Gang.
Alguien toca a la puerta. Me levanto a ver de que se trata.