sábado, 25 de febrero de 2012

La Tumba (Parte 3)


Apenas abrí esa puerta, desee jamás haberlo hecho. Frente a mí se encontraba una masa gigante de carne podrida con forma humanoide, un Bonewalker. Jamás en mis viajes me había encontrado con uno antes, pero si había oído de ellos. He sabido de Nigromantes capaces de invocarlos. Seguramente esta bestia y los demás no muertos fueron invocados como protecciones adicionales, por quien haya hechizado la tumba. Antes de que alcanzara a reaccionar, la bestia lanzo un zarpazo que destrozó mi armadura, arrancándola de mi pecho y empujándome de vuelta hacia el pasillo. En reacción inmole mi espada y me dispuse a abatir a mi enemigo. Sin embargo, no contaba con que mi hechizo derritiera mi espada.
Acero barato –exclame, arrojando lo que quedaba de mi arma a un lado-
¡MALDITO SEAS ARRILLE!
Volví a enfocarme en mi adversario. Este ya estaba listo para lanzar otro zarpazo, salte hacia atrás, evadiendo lo que pudiera haber sido una herida fatal. Sin arma ni armadura, solo me quedaba una opción, magia. Empecé la pronunciar la encantación para bola de fuego, sin embargo era difícil concentrase mientras intentaba evadir los ataques de ese bestia fétida. Si al menos tuviese un escudo. Logre disparar la bola de fuego y fue un tiro directo en la cara de la bestia. A pesar de que obviamente el bonewalker no sentía dolor, el efecto de mi hechizo logro confundirlo lo suficiente, como para que yo pudiera sacar mi daga y clavársela en donde debería de haber estado su corazón. En el forcejeo que siguió a mi maniobra el no muerto me golpeo en las costillas empujándome hacia atrás haciéndome soltar la daga. Mientras el bonewalker se levantaba y se sacaba la daga del pecho, yo gatee hacia la habitación  donde había encontrado a ese monstruo y cerré la puerta.
Estaba cansado, desarmado y solo. Me senté contra la puerta y espere que el no muerto no fuera, sino suficientemente inteligente, lo suficientemente hábil como para abrir la puerta. De repente sentí una gran cantidad  de magicka que llenaba la estancia.

La fuente del encantamiento – recordé.

Mire hacia adelante y vi algo que jamás espere ver. En el centro de la habitación se encontraba flotando una espada que brillaba con una luz espectral.

Una espada encantada – exclame – Esa es la fuente del encantamiento.


De repente empecé a sentir golpes contra la puerta. El bonewalker debía estar intentando derribar la entrada, debo darme prisa si no quiero terminan como ese otro Dunmer.
Me dirigí hacia la espada  y la removí de la luz que la envolvía, pesaba bastante para ser una Katana pero serviría para mis propósitos.
Luego sentí como la confusión que nublaba  mi mente desaparecía, esto quería decir que el encantamiento de confusión invocado sobre la tumba estaba desapareciendo. Eso era bueno. Eso me daba una oportunidad.
De la nada se oyó un ruido contundente y observe como caía una lluvia de astillas. El bonewalker caminaba por entre los restos de la puerta y no estaba solo, detrás de él se encontraban 2 esqueletos armados con arcos y flechas.

Esto no será sencillo – dije, mientras encaraba a mis adversarios.

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