El oscuro manto de la noche y una fuerte lluvia me dieron la bienvenida a Balmora. El viaje no fue demasiado largo, pero sí incómodo. La verdad espero no tener que volver a montar uno de esos Silt Striders. En todo caso, mi situación financiera no me lo permitiría aunque quisiera.
No me gusta caminar bajo la lluvia, mucho menos vistiendo estos trapos que poco y nada me protegen, pero debo actuar con presteza. Y tampoco es como si tuviera donde hospedarme.
Al principio me siento desorientado. La ciudad no es ni la mitad de la capital imperial, pero la noche, la lluvia y mi ignorancia del territorio me impiden encontrar mi destino. Sin encontrar éxito actuando por mi cuenta, no me queda más que recurrir a los locales. Son fríos, pero no amenazantes como en Seyda Neen. Sean quienes sean, los otros extranjeros de los que oí hablar no deben haber pisado estas calles todavía.
Después de mucho merodear -y resbalar un par de veces, debo agregar-, doy con una pequeña casa donde supuestamente vive el individuo que busco. Toco la puerta. Pronto soy recibido por un hombre entrado en años, pero de gruesa complexión.
-¿Caius Cosades? -le preguntó.
-¿Quién desea saberlo? -contraataca con antipatía, analizándome de pies a cabeza.
Sin emitir palabra alguna, le extiendo la encomienda que debía entregarle. Una sonrisa sardónica se dibuja en su rostro y me invita a pasar. No tengo motivo para rechazar su oferta.
Una vez dentro comienza a hablarme de esta organización: "Blades". Aparentemente son espías del Imperio, un importante servicio de inteligencia. Este hombre es su líder, y desde ahora, mi superior.
Esto es lo que esperaba. Me encuentro en el fondo del tótem, pero al menos estoy en él y eso es lo que importa. Ahora sólo debo trabajar duro y ganarme un nombre. No lo quisiera de otra forma.
Emocionado por poder serle de utilidad a mi Imperio, solicito mis primeras órdenes.
Debo consultar a un hombre llamado Hasphat Antabolis, en el Gremio de los Guerreros. Él tiene información sobre unos cultos secretos que los Blades están investigando. Sólo debo obtener la información y volver para reportarla. Suena fácil.
Antes de irme, Caius me da doscientas monedas de oro para gastar como me plazca, junto con sugerirme que conozca a sus otros subordinados, muchos de los cuales viven en la ciudad. También me aconseja crear una identidad que dificulte identificarme con un servicio como el nuestro, ya sea ganándome una reputación como independiente o buscando fama dentro de los distintos Gremios que aloja la ciudad.
Aprovechando que todavía no era demasiado tarde, decido pasearme por la ciudad para conocer al resto de los Blades. Son todas charlas breves, pero bastante informativas. Por si fuera poco, recibo también algunas piezas de armadura que deberían resultarme bastante útiles.
Mi última parada del día sería el Gremio de los Guerreros. No me cuesta encontrar a Antabolis, quien no me pone las cosas fáciles. Si quiero la información, debo ir a las ruinas Dwemer de Arkngthand y encontrar algo que él llama "Caja Rompecabezas Dwemer", un objeto cúbico con varias inscripciones en él, según me relata. No tengo opción, no me encuentro en un lugar donde recurrir a la intimidación rinda frutos, por lo que accedo a su petición.
Siendo tarde y estando yo muy cansado como para ir a explorar unas antiguas ruinas, pienso que lo mejor es unirme al Gremio de los Guerreros. Ofrece refugio y provisiones -más de lo que merezco-. Puedo utilizar el lugar como base de operaciones y cumplir con algunos trabajos para el Gremio antes de aventurarme en Arkngthand. Con algo de suerte, mataré suficiente tiempo para que alguno de mis amigos pase por la ciudad. Claro, eso si es que de verdad sigue alguno con vida.
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