Mi origen no atenuaba en medida alguna su desprecio por el gran Imperio. Uno se preguntaría... "¿Cómo? ¿Cómo termina un imperial haciendo amistad con una banda compuesta por Elfos, un Orco y un Nord?". Vergüenza siento al pensar que mi respuesta sería "No lo sé". Recuerdo que al principio no sentía ninguna simpatía hacia ellos, y evidente era que ellos tampoco me tenían estima.
Una noche, no obstante, y mientras cumplía con mi deber como guardia de la prisión, estábamos todos carcajeándonos, ni siquiera recuerdo a causa de qué.
El hecho es que nos hicimos amigos, y porque soy leal a mis amigos es que no denuncié sus crímenes. Muy por el contrario, me terminé uniendo a ellos. Todos eran muy hábiles, pero requerían de alguien que... pudiera tratar con la ley y la burocracia. Yo calzaba perfectamente en su esquema.
Una encrucijada... ¿Con quién estaría mi lealtad, con el Emperador al que había jurado servir o con estos nuevos amigos, un montón de delincuentes? Debe ser porque no quería defraudar a ninguno que terminé por defraudarlos a todos. Sin poder elegir claramente un bando, adopté una doble vida.
Por eso estoy ahora en prisión, el lugar en que los conocí, el lugar del que yo me aseguraba jamás escaparan. El otrora noble y respetado guardia Imperial hoy no es más que un criminal despreciable, quien ya no tiene un señor al cual servir ni amigos en los que contar.
¿Libres? Ni siquiera un Orco -sin querer insultarlos, pero algo realmente está mal con su cabeza- habría creído esa patraña. Seguro se ordenó su ejecución en cuanto los sacaron de aquí. El tráfico de Moonsugar no es un delito menor, mucho menos cuando su red de extensión es tan amplia, y dentro de la prisión misma por si fuera poco. Además, cada uno de ellos era un individuo objetivamente peligroso. El Imperio jamás admitiría que sujetos así caminaran por ahí sin correa, y por eso no puedo sino pensar que todos tuvieron una cita con el Verdugo.
Ahora sólo quedo yo, pronto a compartir el mismo destino que mis compañeros de la Moon Sugar Gang.
Pensando en esto, no pude oír las pisadas de los guardias. No es sino hasta que escucho mi nombre que vuelvo a la realidad.
-Levant Eissel di Lanza -llama un guardia con su voz grave. Alégrate, que por gracia de nuestro magnánimo Emperador, eres hoy libre -agrega.
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