jueves, 23 de febrero de 2012

Desconfianza

Parece que tengo un poco más de futuro del que esperaba. El Verdugo no tuvo que probar el filo de su hacha con mi cuello. De verdad me liberaron... pero mis pies gozaron de las calles de la capital sólo unos instantes, lo que duró el trayecto hasta el puerto. No pude evitar preguntar qué hacíamos ahí.

-Te vas a Morrowind -esa fue toda la respuesta que pude obtener.

Presionado por la hostilidad de mis supervisores, abordé el barco sin oponer resistencia.
Dentro de algunos días me encontraría en Morrowind, hogar de los Dunmer.

......

¿Heh? ¿Cuánto tiempo habré dormido? No hallando qué hacer dentro del barco, dormir se volvió, tristemente, el más provechoso de los pasatiempos. Ya he perdido toda noción del tiempo. Al menos en prisión tenía cómo rasgar las paredes para contar los días, pero aquí nada.
Oh, un guardia me mira con cara de pocos amigos. Qué excusa le habré dado esta vez, me pregunto.

-Hemos llegado -me dice, y sólo entonces me percato de que, en efecto, por primera vez en días, el barco no se está moviendo.

Me insta a seguirlo, lo que hago sin cuestionar. Pronto me hallo en una Oficina de Censo. Ahí me informan que estoy en un pueblo llamado Seyda Neen, y que antes de que puedan dejarme ir, debo responder unas preguntas. Como guardia imperial que fui conozco el procedimiento, y sé que no es la única alternativa, así que pido que me permitan llenar las formas. Eso es más rápido.
Realizado todo el papeleo, me guían a la oficina del capitán. Aquí es donde la cosa se pone interesante. Él me da una encomienda y una orden: entregar dicha encomienda a un tal Caius Cosades, en una ciudad llamada Balmora. 
Un trabajo patético, sin duda, pero el hecho es que se me está dando la oportunidad de servir al Imperio, de recuperar mi honor. En definitiva, me están permitiendo partir desde cero.

...

O eso pensé. Porque al salir de esa oficina, las miradas de los habitantes me dejaron en claro que estaba equivocado. No tenía que ser psíquico para sentir su hostilidad. Procuro no mostrar mi preocupación, y opto por consultar con un guardia, que muestra buena disposición al notar que soy un Imperial como él.
Me cuenta que no soy el primer extraño que llega en los últimos días a Seyda Neen, y que desde que estos visitantes empezaron a arribar, varios habitantes habían desaparecido, siendo encontrados muertos más tarde. Fue bastante gráfico, detallando el estado de cada uno de los cuerpos. Uno llamó en particular mi atención. Un sujeto que fue encontrado en su casa, con varias flechas en el cuerpo. Ello significa que le dispararon de muy cerca, y ningún arquero criterioso osaría hacer algo así.
Por fortuna o no, justamente conozco a un arquero que es todo menos criterioso, que se jactaba de su habilidad para disparar y ser letal a sólo centímetros de distancia. Como curiosidad, vale mencionarse su afán por disparar a las rodillas de sus adversarios. Suena sucio, pero doloroso y efectivo.

En fin, es una idea loca, pero tengo la corazonada de que mis amigos -o al menos uno de ellos- podría estar todavía con vida. Siendo tal el caso, es muy posible que les hayan dado un encargo como el mío. Conociéndolos, es más probable que se estén paseando por estos extraños bosques, pero la verdad no tengo el equipo y la información para estar vagando por ahí.

Sólo tengo unas pocas monedas, pero debiera bastar para pagar un medio de transporte. Nada me ata a este poblado, y las miradas de los lugareños me hacen pensar que terminaré apuñalado apenas baje la guardia, así que lo mejor será ponerme en marcha hacia Balmora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario