lunes, 20 de febrero de 2012

Arrille

Con esa actitud no vas a hacerte amigos por aquí, extranjero”, me dijo.

Es extraño, pero no me molesta que me llamen así. Supongo que debería importarme más, como él era de los míos. Con Jiub habíamos conversado en el barco sobre lo mismo, Morrowind, su tierra natal, mientras compartíamos ese crudo huevo de Kwama. El guardia no quiso explicarme por qué el joven Dunmer no me acompañaría a la oficina de registros. Espero que esté bien… siempre me dejaba el trozo más grande.

Raza no lo es todo, supongo. A lo menos no lo es para imbéciles como Arrille. ¿Qué se cree? La armadura claramente tenía desgastes, 80 septims eran demasiado para ese trozo de chatarra. Cuando le ofrecí 68 me miró como si lo hubiese insultado. “¡Otro Altmer en Seyda Neen!” había exclamado con brazos abiertos cuando entré. Todo olvidado, claro, cuando le sugerí un par de mejoras a sus pócimas. Podrás venderme esa excusa de armadura, pero ni lo intentes con pociones, no no. Está bien, Arrille, quédate con tu almacén. He tratado con gente como tú toda mi vida. Tú y tu amiguito Fargoth, no los necesito.

Veamos qué haces cuando a tu amigo se le vuelve a perder el anillo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario