Lo primero que noté al llegar es que el ambiente estaba plagado de ese maldito hedor que por culpa de cierto Altmer aprendí a odiar. Todo, pero absolutamente todo apestaba a huevos de kwama, y la razón era bastante obvia, la economía de la ciudad se basaba casi exclusivamente en la mina de huevos kwama cercana a la ciudad. Yo y mi maldita suerte.
Gracias a Punivi aprendí un poco del lugar, y a partir de sus comentarios supe en seguida que mi paso por Gnisis sería breve. Me contó que la mina de huevos estaba clausurada, al parecer la reina kwama había contraído una enfermedad lo cual estaba afectando directamente el comercio. Supe también de la existencia de un fuerte imperial a las afueras de la ciudad, de como una pandilla estaba operando en las cercanías y de como un pequeño destacamento de Imperiales estaba estableciéndose en Gnisis. ¿Necesitaba oír más antes de escapar de aquella trampa mortal? No... Y precisamente eso me disponía a hacer cuándo mis ojos hicieron contacto con algo agradable. Muy agradable.
Resulta que este pequeño destacamento de Imperiales del que me hablaba Punivi no se ha establecido del todo, y entre el ajetreo y burocracias de la legión, han dejado al aire libre un montón de cajas y barriles custodiados únicamente por un soldado de bajo rango que ronda espóradicamente el sector debido al gran área que tiene que recorrer.
¿No es acaso mi día de suerte?
Bueno, ignorando el hedor yo diría que si.
Estudiaré el movimiento del sector y cuando la noche haya avanzado un poco comenzaré a trabajar. No hay tiempo que perder.
...
¡Vaya suerte! Fuera del montón de basura usual que uno encuentra y una que otra chuchería de bajo valor, he encontrado dos objetos bastante interesantes: Primero una espada corta que parece ser de muy buena calidad, muy de mi gusto, al parecer encantada por un mago que sabía de su oficio (no como cierto Dunmer), ligera y que parece estar forjada para que vuestro servidor tenga el goce de blandirla. Y segundo, un amuleto. Un amuleto muy extraño, que está finamente ornamentado y tiene unos pequeños sellos rúnicos que me dan toda la impresión de que esconde algún misterioso poder, eso lo veré después, por ahora me conforma el hecho de que aún si no estuviera encantado valdría una fortuna por los materiales con los cuales está fabricado y por su fina elaboración.
Ahora, no quedando del todo satisfecho y aún con un poco de tiempo de sobra, decidí dar una pequeña vuelta por la ciudad. Me deshice de algunas cosas que arrastraba desde Seyda Neen, por las cuales Arrille hubiera pagado una miseria y que probablemente hubiera reconocido como suyas antes que pudiera salir de la tienda. Me deshice también de algunas cosas que encontré casualmente en la ciudad y también de las chucherías que encontré en las cajas; y una vez que mis bolsillos estuvieron más ligeros y mi bolsa de oro más pesada fue cuando me dí cuenta de algo importante: Estas ciudades pequeñas no brindan dificultad alguna, fuera de eso usualmente pandillas pequeñas controlan el sector y los habitantes no tienen posesiones de gran valor.
A este ritmo me demoraré un siglo en hacerme de fortuna, y la paciencia nunca ha sido lo mio, así que solamente hay una cosa por hacer, partir a la gran ciudad en busca de mayores desafíos.
Con la bolsa de oro un poco más llena y una gran sonrisa en la cara parto a Vivec, la ciudad donde habitan los peces gordos.
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