Que pasa, aun no te acostumbras a mi compañía – le dije en tono burlón - Seguro que ya me habrás empezado a estimar a estas alturas.
El se limito a indicar la escotilla y dijo – llegamos, será mejor que te prepares.
Mi expresión de sorpresa debe de haber sido muy obvia, puesto que el guardia soltó una leve sonrisa y dijo – no sabes lo que te espera.
Al desembarcar en Seyda Neen me guiaron a una pequeña oficina donde me esperaba un hombre de edad ya avanzada llamado Socucius. Muy amablemente me indico una silla y me invito a tomar asiento.
Es un procedimiento estándar - me dijo - solo necesito unos datos para tener listos los papeles para tu liberación. Me limite a asentir y a responder a sus preguntas, luego me entrego un documento y me dijo que me dirigiera donde el capitán para terminar con los tramites.
Al leer el documento hay una frase al final que me hiela la sangre, “Agente del Censo Imperial de Seyda Neen”. Aparentemente mis ilusiones de libertad eran infundadas. Ahora todo tiene sentido.
Todo tiene un precio, incluso la libertad.
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