martes, 22 de mayo de 2012

Olvido


Afuera el cielo había cedido a las nubes y empezó a llover descaradamente. “No es el mejor día para retomar el viaje”, mentía, mientras me revolcaba en la cama para abrazarla. Cuando el guardia abrió la puerta, un reflejo me hizo tumbar la cabeza en la almohada, pretendiendo estar muerto. Pero los guardias de la cárcel no eran imbéciles y este pobre infeliz, aunque joven,  tampoco. Así a lo menos lo sugirieron las avergonzadas disculpas que repitió al cerrar la puerta poco después. 

Su risa me gustaba más y más cada vez que entraba. Todo había empezado mientras me limpiaba el rostro la noche anterior. No le había contado nada, pero ella aparentaba saber todo sobre mí… y sobre Bes. Una adivinadora, me contarían después. En el momento no me importaba. 

-Debo revisar tu espalda…- decía, detenidamente – para asegurar que tu cuerpo haya sanado-

Mientras ella estudiaba mis hombros, yo secaba mis mejillas, mirando fijamente los bálsamos que habían salvado mi rostro.  Me gustaba sentir su sonrisa y ella lo sabía. Quizás por eso nunca hablamos.

domingo, 8 de abril de 2012

Demonio

Me arrastre por las escaleras hacia la salida de la cripta. Apenas podíarespirar, con un esfuerzo monumental logre llegar hasta la puerta. Me apoyecontra la puerta y mire mi hombro derecho donde sentía un dolor punzante.Observe con desprecio la flecha de ese arquero esqueleto. Con mi mano izquierdame arranque la flecha de la herida y la sangre empezó a brotar. El dolor casime hace desmayar, solo la imagen de mi padre me mantuvo consiente.
Solo los fuertes sobreviven, solía decirme mientras entrenábamos.
Recuerdo como con facilidad me derrotaba en el arte del combate conespada. Siempre terminaba mordiendo el polvo en nuestros enfrentamientosdiarios. Después de eso se dedicaba a cocinar y me mandaba a tallaruna nueva espada de madera, puesto que la mía siempre se rompía durante lapráctica. Nunca logre romper la espada de mi padre y cuando le pregunte sihabía algún secreto para tallarlas me dijo algo que nunca olvidare:
Las espada perfecta solo está completa cuando un maestro de la espada lablande, sino solo es un pedazo de metal.
Al principio no entendí bien a que se refería, toda mi vida pensé que meestaba ocultando algo, que simplemente me consideraba demasiadoinexperto como para pasarme el resto de su arte o que envidiaba mi capacidadpara hacer magia heredada de mi madre. Ahora entendía a que se refería.
Mire la espada y leí nuevamente la inscripción en elfo antiguo de sunombre “Demonio”. Recordé como al momento de levantarla, me había parecidodemasiado pesada para blandirla, pero al agitar la hojacontra esas abominaciones y destazarlas en pedazos, se había vuelto ligera comouna pluma. A pesar de salir victorioso casi sin ningún esfuerzo, uno de esosmonstruos había alcanzado a herirme.
Una gran espada, espadachín lejos de ser digno de ella.
Laprisión había mermado mis habilidades. Necesitaba entrenar, mejorar tanto mitécnica con la espada como mi magia. Sentía la necesidad de nuevos desafíospara ponerme a prueba.
Unavez detenida la hemorragia en mi hombro, abrí la puerta y salí de la tumba. Aunllovía. Retome el camino hacia Balmora.

lunes, 26 de marzo de 2012

La deuda

Tenía lindos ojos. Verdes, como el musgo que adornaba las celdas meses atrás. Los guardias nos hacían limpiar los ladrillos cada semana; a veces con limas, a veces con nuestras uñas, pero siempre volvía. Ella sonrió cuando entré, aunque no sé si por ser amable o por el triste estado de mi rostro. Traté de sonreírle devuelta. Lentamente estudió mi cuello y luego mi frente.

- Cáncer de cenizas. Lo peor de la fiebre ya ha pasado, afortunadamente.

Dio media vuelta y empezó a buscar algo en el desorden de su escritorio. El ruido de frascos vacíos me daba escalofríos, pero de los buenos. Antes de la cárcel, solíamos vivir para ese ruido. Bes y yo, decididos ambos en conseguir la licencia a como de lugar. Nada más importaba. Ygfa seguía plantando sus manos dentro de viejos bolsos y cajas sueltas. Se reía, casi avergonzada.

- Debe estar por aquí. Siempre las guardo por aquí…

… Pero mis ojos no la veían a ella, sino a Bes, estudiando los matraces que habíamos robado la noche anterior. Empezamos a ordenarlos.

- 100… 200… y 300. Este debe ser de 300 mililitros. – decía él.

Asentí y puse los frascos que habían sobrevivido nuestro escape junto al resto. Ya casi parecía un laboratorio de verdad. La sonrisa de Bes sugería lo mismo. Se levantó, conforme con el botín, y fue a buscar los ingredientes.

- ¿Supongo que ensayaremos con lo mismo de siempre…? – le dije, ni siquiera intentando de esconder el sarcasmo.

Sin responder lanzó un saco oscuro a mi pies, limpiándose inmediatamente las manos. Le di la bienvenida a la hediondez frunciendo solamente mis labios, mientras mis ojos seguían fijos en la belleza de los vidrios vírgenes. Los óvulos brillaban, añejos pero tan blancos como los bancos de sal a la costa de Haven.

- Mientras no se te ocurra una idea mejor…

Dio un paso adelante y encendió un cigarro. Exhaló, cerrando brevemente los ojos, fijando su mirada con la mía. Su sonrisa llevaba el orgullo de cien hombres.

- Mientras no se te ocurra una idea mejor, tendrás que conformarte con los huevos de Kwama que mi tío no puede vender.

- No es tu tío, Bes. – le respondí fríamente.

- Patrón, tío, da igual. Nadie echa de menos un par de huevos añejos. Te lo juro Grae, podría llevarme lo que quisiera de esa bola de sebo. Los guardias confían en mí y me dejan entrar donde sea, solamente tengo que…

- No harás nada. Ya nos arriesgamos demasiado con estos frascos. Esperemos que la cosa se calme, con estos huevos puedo probar…

- …nada nuevo. Tú mismo lo has dicho: si quieres convertirte en alquimista, necesitas más que huevos y sal.

Tenía razón. Bes siempre tenía razón. Él sabía que no le discutiría eso y, victorioso, rencontró sus labios con el cigarro. Un par de huevos seguían rodando lentamente por el piso, tratando de acabar con el silencio que envolvía la choza.

- Cuídate, Bes. –le dije, resignado.

- Siempre – me respondió, estirando un brazo hacia mí…



- ...¿Por qué lloras?

La choza había desaparecido y yo estaba frente a la curandera Nord. Acerqué mis dedos a mi cara, buscando una lágrima, pero no la encontré. Mi rostro había sanado.

- ¿… Cómo…? - traté de preguntarle, pero mi voz me fallaba.

Ella solamente sonreía. Tenía lindos ojos.

- ¿Él te importaba mucho, no?

Y la lágrima apareció.

- Él era mi hermano.

jueves, 22 de marzo de 2012

Tentaciones

Cerré el libro y supe que esa noche todo cambiaría...

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He estado recorriendo Vivec y a estas alturas puedo decir que le conozco bien, no como la palma de mi mano, pero bien. Mi intención era pasar desapercibido, mi intención era hacer las cosas rápido, hacerme de unos cuantos miles de septims y abandonar la ciudad para no levantar sospechas sobre mi persona. Sonaba a buen plan, parecía buen plan, era simple y puntual. Era un buen plan.

Era buen plan… si lo hubiera seguido el plan yo no estaría en este dilema.

La tentación es uno de las primeras cosas que debe controlar un ladrón, no siempre se trata de algo negativo, por lo cual un buen ladrón tiene que aprender a evaluar bien las oportunidades, desarrollar buen juicio y por sobre todo no dejarse llevar por la tentación si las circunstancias no son favorables. Pase lo que pase, sea cual sea el objetivo, no importa que tan grande sean las recompensas o las ganancias; si la situación no es favorable la tentación debe controlarse por completo. He visto como personas con gran talento se pierden en este concepto, es uno de los más grandes enemigos de un ladrón. La tentación y el buen juicio.

En mi vida he robado prácticamente de todo, pero si hay algo con lo cual soy fácil de tentar… Son las gemas. Siempre ha sido un problema el controlarme cuando hay gemas de por medio, es prácticamente mi única debilidad. Me es imposible refrenar ese ímpetu de obtenerlas una vez que las veo, me han metido en más de algún problema y siempre ronda la calamidad cuando no he podido controlarme. Esta no sería la excepción.

Recordando un poco las conversaciones en prisión le he estado dedicando gran parte de mi tiempo a la reducción de objetos relacionados con alquimia. Recuerdo que nuestro compañero altmer solía quejarse de la mala calidad de los implementos que usábamos para refinar Moon Sugar pero no teníamos manera de obtener algo mejor, de hecho fue con un poco de suerte y ayuda de nuestros contactos que logramos infiltrar aquellos objetos. Pero estas quejas eran algo recurrente y daban espacio a conversaciones de las cuales pude extraer la gran importancia y elevados precios que suelen tener los objetos relacionados con la alquimia. Cosa buena, puesto en que en Vivec hay un gran número de personas dedicadas a jugar con líquidos, polvos raros y elementos de las más diversas clases.

Y en eso estaba, haciéndome una fortuna reduciendo artefactos hasta que se me ocurrió la genial idea de investigar un poco sobre el tema para ver si existía mayor potencial en este rubro, en una de esas podía extraer algún otro objeto y no sólo esos gigantescos artefactos. Todo esto bien, hasta el momento en que abrí un libro y noté ilustraciones de gemas y piedras preciosas que no había visto en mi vida. Todas, todas fabulosas.

Hay sólo una cosa que sé en este momento… La caja de pandora se ha abierto.

sábado, 25 de febrero de 2012

La Tumba (Parte 3)


Apenas abrí esa puerta, desee jamás haberlo hecho. Frente a mí se encontraba una masa gigante de carne podrida con forma humanoide, un Bonewalker. Jamás en mis viajes me había encontrado con uno antes, pero si había oído de ellos. He sabido de Nigromantes capaces de invocarlos. Seguramente esta bestia y los demás no muertos fueron invocados como protecciones adicionales, por quien haya hechizado la tumba. Antes de que alcanzara a reaccionar, la bestia lanzo un zarpazo que destrozó mi armadura, arrancándola de mi pecho y empujándome de vuelta hacia el pasillo. En reacción inmole mi espada y me dispuse a abatir a mi enemigo. Sin embargo, no contaba con que mi hechizo derritiera mi espada.
Acero barato –exclame, arrojando lo que quedaba de mi arma a un lado-
¡MALDITO SEAS ARRILLE!
Volví a enfocarme en mi adversario. Este ya estaba listo para lanzar otro zarpazo, salte hacia atrás, evadiendo lo que pudiera haber sido una herida fatal. Sin arma ni armadura, solo me quedaba una opción, magia. Empecé la pronunciar la encantación para bola de fuego, sin embargo era difícil concentrase mientras intentaba evadir los ataques de ese bestia fétida. Si al menos tuviese un escudo. Logre disparar la bola de fuego y fue un tiro directo en la cara de la bestia. A pesar de que obviamente el bonewalker no sentía dolor, el efecto de mi hechizo logro confundirlo lo suficiente, como para que yo pudiera sacar mi daga y clavársela en donde debería de haber estado su corazón. En el forcejeo que siguió a mi maniobra el no muerto me golpeo en las costillas empujándome hacia atrás haciéndome soltar la daga. Mientras el bonewalker se levantaba y se sacaba la daga del pecho, yo gatee hacia la habitación  donde había encontrado a ese monstruo y cerré la puerta.
Estaba cansado, desarmado y solo. Me senté contra la puerta y espere que el no muerto no fuera, sino suficientemente inteligente, lo suficientemente hábil como para abrir la puerta. De repente sentí una gran cantidad  de magicka que llenaba la estancia.

La fuente del encantamiento – recordé.

Mire hacia adelante y vi algo que jamás espere ver. En el centro de la habitación se encontraba flotando una espada que brillaba con una luz espectral.

Una espada encantada – exclame – Esa es la fuente del encantamiento.


De repente empecé a sentir golpes contra la puerta. El bonewalker debía estar intentando derribar la entrada, debo darme prisa si no quiero terminan como ese otro Dunmer.
Me dirigí hacia la espada  y la removí de la luz que la envolvía, pesaba bastante para ser una Katana pero serviría para mis propósitos.
Luego sentí como la confusión que nublaba  mi mente desaparecía, esto quería decir que el encantamiento de confusión invocado sobre la tumba estaba desapareciendo. Eso era bueno. Eso me daba una oportunidad.
De la nada se oyó un ruido contundente y observe como caía una lluvia de astillas. El bonewalker caminaba por entre los restos de la puerta y no estaba solo, detrás de él se encontraban 2 esqueletos armados con arcos y flechas.

Esto no será sencillo – dije, mientras encaraba a mis adversarios.

La sombra entre las sombras

...Y no me equivocaba.
Vivec es una ciudad enorme y ha progresado mucho desde la última vez que estuve en Vvardenfell, si yo creyera en las leyendas y mitos acerca de Vivec, claramente estaría de acuerdo en que es el digno hogar de un Dios. Para los que no la han visitado aún, se trata de una serie de enormes edificaciones sobre el agua, nueve para ser exactos, una al lado de otra y que en su conjunto crean una entidad simplemente majestuosa.

Vivec se distingue de otras ciudades por el hecho albergar distintas cosmovisiones distribuidas por separado en distritos o "cantones", y esto es un detalle muy importante en un oficio como el mio, puesto que internamente se crean rivalidades y conflictos de los cuales fácilmente se puede sacar provecho. Por otro lado, hace que reducir ciertas especies sea mucho más rápido y eficiente. No podría tildarla de una ciudad santa como muchos lo hacen, pero si la encuentro divina (Divina porque me beneficia por completo).

A mi llegar me llueven rumores de diversos hechos que afectan a la ciudad, pero ignoro la mayoría (una ciudad grande es hogar de problemas). El único rumor que cautiva mi atención trata sobre una serie de misteriosos asesinatos, lo que inmediatamente me hace pensar en la presencia de alguno de mis compañeros en el sector, pero una vez que me van dando más detalles descarto la idea. Pasa que por lo que me dicen los habitantes de Vivec,los asesinatos no sólo han sido misteriosos, sino que silenciosos y perfectamente ejecutados. Ninguno de mis compañeros goza del don de la sutileza, bueno excepto por mi, pero yo vengo recién llegando y nunca he sido partidario de la sangre, las vísceras y todas esas otras asquerosidades.

Dedicaré algún tiempo a estudiar el movimiento de uno o dos cantones. Trataré de relajarme un poco con este asunto de los asesinatos, pero algo me dice que debo ser cauteloso, uno nunca sabe cuando puede estar siendo vigilado desde las sombras.

viernes, 24 de febrero de 2012

Restaurando la Espada


Maldigo mi suerte mientras continúe caminando hacia balmora, no pudiendo ser un viaje tranquilo a pie sino que a mitad de camino escuche a alguien gritar y al segundo después una cuerpo azotado en el suelo, puedo decir que no fue una linda forma de morir del tipo pero bueno sus cosas me sirvieron bastante para pasar el frio de la noche y además una espada que poseía ahora era mía y fue de bastante ayuda para afrontar lo que se me venia en el camino hacia balmora, cuando se me ocurrió pasar por unos paramos los cuales estaban infestado de cucarachas, gusanos y una ves bastantes molestas, los cuales hicieron un fastidio este viaje, ya muy entrada la noche logre llegar a balmora y cuando final mente espero que nadie me moleste para llegar a la posada mi suerte nuevamente me la juega, un guardia imperial, grandioso, de nuevo un estúpido interrogatorio básico. Lamentablemente entre mi estadía en confinamiento solitario en prisión y el “lindo” viaje en barco mi cuerpo es como el de un niño, con suerte mi mano ha reconocido el acero de la espada. así que seguí el procedimiento para que me deje tranquilo y pueda seguir.

Cuando el guardia por fin me dejo seguir, busque alguna posada que aun estuviera abierta para poder alquilar alguna cama, pero todas estaban o cerradas o ocupadas, vagando por la ciudad buscando algún sitio donde dormir o algún callejón que se pareciera al piso de la prisión, di a parar al gremio de guerreros donde vi signos de compañerismo a lo que fue alguna vez un guerrero que alzo malamente su espada hacia el hijo de un político dándole muerte, después de una pequeña “persuasión y razón” me ofrecieron una acogedora cama que me vasto para descansar hasta la mañana.

Al día siguiente un recuerdo perturbador me despierta-maldición el estúpido paquete que debía entregar para ese tal….- mi mente no logra recordar el nombre de tal individuo, busco desesperado en el bulto si esta su nombre para empezar a buscarlo, gracias a dios se encontraba hay caius cosades, quien pudo a ver sido para haberme hecho perder ese tiempo. Cuando salí da la habitación me dirigí a hablar con la encargada del gremio de guerreros(una mujer quien lo habría pensado) llamada eydis, parecía bastante fuerte incluso penque que pudo haber servido en la prisión ayudando a cuidar esos idiotas cuando se les ocurría estafar a algún guardia o a alguien de influencias en prisión. Cuando termine de charlar de con eydis me informo que caius cosades se encontraba al otro lado del pueblo además de que mi izo una invitación a unirme al gremio de guerreros pero le dije que una vez que allá termina esta tarea lo iba a pensar. Partí hacia el otro lado del pueblo y gracias a las indicaciones del eydis encontré muy fácil la casa donde aloja ese sujeto.

Recuerdos de un pasado etéreo


Voy en carga hacia mi enemigo, un hombre de túnica negra que esta lanzando alguna especie de hechizo sobre alguien extrañamente parecido a mi, no logro verlo con claridad y al hombre de negro tampoco, todo es difuso y etéreo a la vez, son como fantasmas, fantasmas luchando en un mundo onírico pero a la vez tan real, cuando estoy a punto de golpear a mi objetivo este se giro hacia mi, me muestra su delgado y huesudo rostro, sus profundas cuencas eran adornadas con ojos completamente negros, ahí no había iris o pupila, todo lo que contenían sus cuencas era oscuridad. Sonrió y al decir alguna clase de hechizo en un lenguaje que jamás había escuchado, el tiempo se detuvo para mí, pero para nada más a mí alrededor.

Aquel ser de ropajes y ojos negros reía a carcajadas mientras se acercaba a  mi, yo sin poder mover ningún musculo y con la mirada clavada en el, me sentía impotente ante la idea que yo seria el próximo en caer, llego a un paso de mi y me dijo "tu padre ya esta muerto y tu eres el ultimo que queda de tu clase, puedo apostar que ya no recuerdas siquiera mi nombre, porque no me respondes, ahhh se me olvida que no puedes hablar, pero vamos a solucionar eso."

-vi como nuevamente lanzo un hechizo y podía hablar nuevamente, "que le haz hecho a mi padre" le dije con furia mientras no podía creer que fuera mi padre el que acababa de ver morir.

-tranquilo, tranquilo, el murió hace mucho tiempo y esto es solo un recuerdo, pero en otros temas no sabes lo complicado que fue sacarte de la cárcel, ahí dentro matarte no hubiera tenido sentido y para hacerlo mas divertido prefiero dejar la opción en tus manos. Yo me largo de aquí, si quieres matarme adelante, pero primero tendrás que buscarme, así como estas darías mucha menos pelea que tu padre y él fue muy fácil.

Nuevamente su sonrisa inundo su rostro, la que se perdió tornándose negra al igual que su rostro, y cuando todo lo que había dentro del gorro de la túnica fue tinieblas, simplemente desapareció...

Desperté sudando al lado de la fogata, mi cabeza daba vueltas y todo se veía borroso, luego de un momento respirando profundamente las cosas a mi alrededor comenzaron a volverse solidas de nuevo, me levante lentamente para que no volviera el mareo y tome mis cosas, era hora de partir, pero en la puerta de la cueva alguien había dejado algo para mi y creo que sabia quien era ese alguien, era un pergamino el que  abrí rápidamente, tenia muchas dudas y pocas respuestas, eso me estaba volviendo loco, deje esos pensamientos de lado y centre mi atención en el pergamino, este contenía un dibujo y un texto, el dibujo me pareció familiar, tan familiar que comencé a sudar helado, tan helado como los hielos de Skyrim, mis ojos se llenaron de lagrimas y en ese momento todo cobro sentido, el hombre de negro había estado ahí, para devolver mis recuerdos y seguir con su enfermo juego de muerte y dolor, el pergamino tenia dibujado al hombre de negro con su túnica y su bastón, mientras que el texto decía "Tu padre esta muerto y tu eres el ultimo.", seque mis lagrimas guarde el pergamino y salí de la cueva, volvería a Seyda Neen por algo de información, si estuvo aquí quizás paso por ahí.

Algún día lo encontrare y cuando eso suceda habrá un hechicero menos en este mundo y mi ira se habrá apaciguado.

La Tumba (Parte 2)

Cada paso que daba era una tortura. No estaba seguro de que iba en la dirección correcta, pero si estaba seguro de que al menos iba en alguna dirección. Trataba de trazar en mi mente el camino que había hecho al entrar en la tumba, sin embargo el dolor no me permitía pensar.
El olor… debo seguir el olor. La peste del Dunmer muerto en la entrada era el indicador que necesitaba, para encontrar la salida de esta pesadilla. Era irónico que la desgracia de otro fuera mi salvación, pero después de todo, así es la vida.
Alce la cabeza e inspire profundamente. Nada, absolutamente nada. Ni siquiera el olor a humedad que debería haber habido en esas circunstancias, ni el olor a aceite quemado que debiesen de haber tenido las antorchas. Era como estar caminando en el vacío, sin inicio ni final. Mire hacia atrás. No podía ni encontrar el camino de vuelta hacia el altar.
Cansado caí sobre mis rodillas. Mi frustración era tal que estuve a punto de romper en llanto.
No – me dije – tiene que haber una manera, piensa, maldición piensa.
Luego recordé el nombre del lugar en donde me encontraba. La “Ancestral Tumba de Andrano”, Andrano, donde había escuchado eso antes. En silencio medito sobre esa palabra hasta que la respuesta vino a mí, como una bocanada de aire después de estar sin respirar por un tiempo prolongado. Andrano es el nombre de una de las grandes casas de Morrowind. Seguramente encantaron la tumba, de forma que los intrusos no encontraran la salida. Debo encontrar la fuente de energía del encantamiento.
Me senté en el piso y comencé a enfocarme en una sola tarea. En sentir el flujo de Magicka en el aire. Mi concentración alcanzo un punto tal, que casi me olvido de respirar. De repente lo sentí. Un encantamiento muy poderoso. Su energía se enfocaba en una sola dirección. Me levante y seguí mi camino.
Luego de unas horas y después de evadir a unos cuantos esqueletos armados (aparentemente el espectro no era el único no muerto con el que rondaba esta tumba), llegue a donde el Magicka se sentía más fuerte. Me encontraba frente a una gran puerta de madera. Respire hondo y murmure – Ahora o nunca.
Di un paso adelante y abrí la puerta, lo que encontré ahí jamás lo olvidare, por el resto mi vida.

Ascendiendo las Filas

El oscuro manto de la noche y una fuerte lluvia me dieron la bienvenida a Balmora. El viaje no fue demasiado largo, pero sí incómodo. La verdad espero no tener que volver a montar uno de esos Silt Striders. En todo caso, mi situación financiera no me lo permitiría aunque quisiera.

No me gusta caminar bajo la lluvia, mucho menos vistiendo estos trapos que poco y nada me protegen, pero debo actuar con presteza. Y tampoco es como si tuviera donde hospedarme.
Al principio me siento desorientado. La ciudad no es ni la mitad de la capital imperial, pero la noche, la lluvia y mi ignorancia del territorio me impiden encontrar mi destino. Sin encontrar éxito actuando por mi cuenta, no me queda más que recurrir a los locales. Son fríos, pero no amenazantes como en Seyda Neen. Sean quienes sean, los otros extranjeros de los que oí hablar no deben haber pisado estas calles todavía.

Después de mucho merodear -y resbalar un par de veces, debo agregar-, doy con una pequeña casa donde supuestamente vive el individuo que busco. Toco la puerta. Pronto soy recibido por un hombre entrado en años, pero de gruesa complexión.

-¿Caius Cosades? -le preguntó.

-¿Quién desea saberlo? -contraataca con antipatía, analizándome de pies a cabeza.

Sin emitir palabra alguna, le extiendo la encomienda que debía entregarle. Una sonrisa sardónica se dibuja en su rostro y me invita a pasar. No tengo motivo para rechazar su oferta.
Una vez dentro comienza a hablarme de esta organización: "Blades". Aparentemente son espías del Imperio, un importante servicio de inteligencia. Este hombre es su líder, y desde ahora, mi superior.
Esto es lo que esperaba. Me encuentro en el fondo del tótem, pero al menos estoy en él y eso es lo que importa. Ahora sólo debo trabajar duro y ganarme un nombre. No lo quisiera de otra forma.
Emocionado por poder serle de utilidad a mi Imperio, solicito mis primeras órdenes.
Debo consultar a un hombre llamado Hasphat Antabolis, en el Gremio de los Guerreros. Él tiene información sobre unos cultos secretos que los Blades están investigando. Sólo debo obtener la información y volver para reportarla. Suena fácil.

Antes de irme, Caius me da doscientas monedas de oro para gastar como me plazca, junto con sugerirme que conozca a sus otros subordinados, muchos de los cuales viven en la ciudad. También me aconseja crear una identidad que dificulte identificarme con un servicio como el nuestro, ya sea ganándome una reputación como independiente o buscando fama dentro de los distintos Gremios que aloja la ciudad.
Aprovechando que todavía no era demasiado tarde, decido pasearme por la ciudad para conocer al resto de los Blades. Son todas charlas breves, pero bastante informativas. Por si fuera poco, recibo también algunas piezas de armadura que deberían resultarme bastante útiles.

Mi última parada del día sería el Gremio de los Guerreros. No me cuesta encontrar a Antabolis, quien no me pone las cosas fáciles. Si quiero la información, debo ir a las ruinas Dwemer de Arkngthand y encontrar algo que él llama "Caja Rompecabezas Dwemer", un objeto cúbico con varias inscripciones en él, según me relata. No tengo opción, no me encuentro en un lugar donde recurrir a la intimidación rinda frutos, por lo que accedo a su petición.

Siendo tarde y estando yo muy cansado como para ir a explorar unas antiguas ruinas, pienso que lo mejor es unirme al Gremio de los Guerreros. Ofrece refugio y provisiones -más de lo que merezco-. Puedo utilizar el lugar como base de operaciones y cumplir con algunos trabajos para el Gremio antes de aventurarme en Arkngthand. Con algo de suerte, mataré suficiente tiempo para que alguno de mis amigos pase por la ciudad. Claro, eso si es que de verdad sigue alguno con vida.

jueves, 23 de febrero de 2012

Desconfianza

Parece que tengo un poco más de futuro del que esperaba. El Verdugo no tuvo que probar el filo de su hacha con mi cuello. De verdad me liberaron... pero mis pies gozaron de las calles de la capital sólo unos instantes, lo que duró el trayecto hasta el puerto. No pude evitar preguntar qué hacíamos ahí.

-Te vas a Morrowind -esa fue toda la respuesta que pude obtener.

Presionado por la hostilidad de mis supervisores, abordé el barco sin oponer resistencia.
Dentro de algunos días me encontraría en Morrowind, hogar de los Dunmer.

......

¿Heh? ¿Cuánto tiempo habré dormido? No hallando qué hacer dentro del barco, dormir se volvió, tristemente, el más provechoso de los pasatiempos. Ya he perdido toda noción del tiempo. Al menos en prisión tenía cómo rasgar las paredes para contar los días, pero aquí nada.
Oh, un guardia me mira con cara de pocos amigos. Qué excusa le habré dado esta vez, me pregunto.

-Hemos llegado -me dice, y sólo entonces me percato de que, en efecto, por primera vez en días, el barco no se está moviendo.

Me insta a seguirlo, lo que hago sin cuestionar. Pronto me hallo en una Oficina de Censo. Ahí me informan que estoy en un pueblo llamado Seyda Neen, y que antes de que puedan dejarme ir, debo responder unas preguntas. Como guardia imperial que fui conozco el procedimiento, y sé que no es la única alternativa, así que pido que me permitan llenar las formas. Eso es más rápido.
Realizado todo el papeleo, me guían a la oficina del capitán. Aquí es donde la cosa se pone interesante. Él me da una encomienda y una orden: entregar dicha encomienda a un tal Caius Cosades, en una ciudad llamada Balmora. 
Un trabajo patético, sin duda, pero el hecho es que se me está dando la oportunidad de servir al Imperio, de recuperar mi honor. En definitiva, me están permitiendo partir desde cero.

...

O eso pensé. Porque al salir de esa oficina, las miradas de los habitantes me dejaron en claro que estaba equivocado. No tenía que ser psíquico para sentir su hostilidad. Procuro no mostrar mi preocupación, y opto por consultar con un guardia, que muestra buena disposición al notar que soy un Imperial como él.
Me cuenta que no soy el primer extraño que llega en los últimos días a Seyda Neen, y que desde que estos visitantes empezaron a arribar, varios habitantes habían desaparecido, siendo encontrados muertos más tarde. Fue bastante gráfico, detallando el estado de cada uno de los cuerpos. Uno llamó en particular mi atención. Un sujeto que fue encontrado en su casa, con varias flechas en el cuerpo. Ello significa que le dispararon de muy cerca, y ningún arquero criterioso osaría hacer algo así.
Por fortuna o no, justamente conozco a un arquero que es todo menos criterioso, que se jactaba de su habilidad para disparar y ser letal a sólo centímetros de distancia. Como curiosidad, vale mencionarse su afán por disparar a las rodillas de sus adversarios. Suena sucio, pero doloroso y efectivo.

En fin, es una idea loca, pero tengo la corazonada de que mis amigos -o al menos uno de ellos- podría estar todavía con vida. Siendo tal el caso, es muy posible que les hayan dado un encargo como el mío. Conociéndolos, es más probable que se estén paseando por estos extraños bosques, pero la verdad no tengo el equipo y la información para estar vagando por ahí.

Sólo tengo unas pocas monedas, pero debiera bastar para pagar un medio de transporte. Nada me ata a este poblado, y las miradas de los lugareños me hacen pensar que terminaré apuñalado apenas baje la guardia, así que lo mejor será ponerme en marcha hacia Balmora.

El Sueño

Des…Hey… Despierta… Hey…
¡¡¡¡¡¿¿¿QUE SUCEDE???!!!!!! - Me despierto apresuradamente y me doy un golpe contra el techo. El precio de dormir en la cama de arriba del camarote.
Ouch… - exclame.
Miro a mí alrededor y veo a un Altmer y a un Bosmer al borde de la risa. El Bosmer no aguanto y rompió a carcajadas, le brotaban las lágrimas de los ojos. En cuanto al Altmer, aunque por su expresión también encontraba la situación chistosa, por lo menos se esforzó en no reaccionar como el Bosmer. Conocía a ambos.
Cuando el Bosmer logro recuperar el habla, me dirigí hacia ellos.
¿Qué sucede?- pregunte, mientras me sobaba la cabeza.
El Altmer saco un huevo de kwama cocido y comenzó a sacarle la cascara. Mientras realizaba esa tarea tan típica suya se dirigió a mí y me dijo – Es día de recolección, necesitamos tu ayuda, hay muchos clientes que se olvidaron de pagar.
¿Por qué yo Grae? ¿No es esa tarea del orco?- pregunte- El adora recolectar, puede quebrar huesos y llenarse las manos de “motines”.
No te burles de el – replico Grae con tonalidad seria – Sabes que, desde que se mordió la lengua, en ese desafío de trabalenguas, no ha podido pronunciar bien desde entonces.
Un clásico – Asintió el Bosmer.
Grae miro al Bosmer con mirada de reproche y dijo – Si tú y Ethan no lo hubieran desafiado…
Si bueno - interrumpió Ethan, que acababa de entrar en la celda – Eso no importa ahora. En cuanto al Orco, sigue en confinamiento solitario.
En ese momento recordé. El Orco le “gano” una apuesta al Bosmer. La apuesta consistía en que si el Orco podía bajarles los pantalones al alcaide durante la inspección del Duque y sus hijas, el Orco se llevaba todo lo que el Bosmer tuviera en sus bolsillos. Resulta que el Orco si logro bajarle los pantalones al alcaide, pero nuestros uniformes no tienen bolsillos. Fue tan chistoso, que hasta el serio de Levant, que estaba escoltando a los visitantes en ese instante, soltó una leve sonrisa. Desde entonces el Orco se encuentra en solitario.
Si, así que será mejor que dejes de holgazanear y empieces a trabajar – dijo el Bosmer.
Si hubo algún tono de hostilidad en lo que dijo, no le preste importancia. Nunca me he entendido bien con él. Sin embargo por extraño que parezca, no me enojo con él, ni sobre reacciono a sus provocaciones, como normalmente lo haría con otras personas. ¿Me pregunto porque?
Bueno a trabajar entonces – dije y me levante de la cama…

De repente me caí y di contra el suelo frio…
Estaba frente a un altar, bañado en sangre, mi sangre. Me dolían las heridas de mi lucha con el espectro.
Era un sueño, o más bien un recuerdo.
Dicen que en tiempos de necesidad recordamos mejores épocas. Supongo que no hubo muchos momentos felices en mi vida.
De repente noto que algo se mueve en mi mochila. Me asomo a ver y una rata del porte de un gato, sale dispara del interior de mi mochila y desaparece en la oscuridad.
Maldije para mis adentros y rápidamente revise mis pertenencias. Se comió todas mis provisiones, pero aparentemente todo lo demás (incluido el paquete que tengo entregar) se encontraba intacto.
Frustrado agarro mis cosas y me dispongo a salir de la tumba con las fuerzas que me quedan.