Viajar a Balmora no iba a ser tarea fácil, especialmente con los limitados fondos que me dieron en la oficina de censo y ejercicio imperial.
Si voy a trabajar para ellos, al menos deberían darme un sueldo decente – pensé.
Lo primero que hice fue dedicarme a recopilar información y pasear por Seyda Neen. Para mi sorpresa los que mejor me trataron fueron los orgullosos Altmer y los Bosmer, mis hermanos Dunmer me trataron como un extranjero que solamente se parecía un poco a ellos. No los culpo, hacía años que no pisaba el suelo de Morrowind y aun más años que no visitaba Seyda Neen.
La última vez que estuve en Seydan Neen fue cuando con mi padre cuando, después de la muerte de mi madre, nos dedicamos a viajar por Morrowind. En esa época no había tantos colonos, o si los había para mi eran inexistentes, probablemente como soy ahora de inexistente para los otros Dunmer. Conocí un particular Bosmer llamado Fargoth que me recomendó un lugar para abastecerme para mi viaje (De hecho el único negocio de Seydan Neen). El lugar era bastante descuidado y Arrille el Tendedero tacaño como nunca lo había visto. Con lo que tenía me alcanzo para una espada y un libro de hechizos. Sin embargo, todavía necesitaba ropa adecuada para el viaje. Arrille me recomendó trabajar para Hrisskar, un Nord perteneciente a la legión, adicto al juego. Mi trabajo para Hrisskar consistía “recolectar” lo que los otros ciudadanos de Seyden Neen le “debían” por su protección. No era el trabajo más popular, ni el mejor remunerado, pero era algo. Aproveche este tiempo de trabajo para averiguar cosas bastante interesantes, como que algunas personas misteriosas y/o peligrosas habían pasado antes por aquí. Las descripciones que daban, correspondían con características de miembros Moon Sugar Gang. Eso me alegro el día. Quería decir que tarde o temprano me encontraría con mis compañeros.
Después de una paga miserable por parte de Hrisskar, que solo me alcanzo para el peto de una armadura mediana, me entere de un rumor de cuevas de esclavistas cerca del pueblo, decidí darle una oportunidad y ver si podía encontrar algo de valor en esas cuevas, que pudiera impulsar mí viaje a Balmora.
Encontré una de las cuevas, pero para mí frustración parece que alguien ya la había atacado hace días. Ni siquiera se molesto en enterrar los cuerpos llenos de flechas, pero si en llevarse todo lo que poseían. Todo lo que encontré fueron rastros de Moon Sugar en unas cajas.
Hubieran sido buenos clientes en la prisión.
Me disponía a irme cuando tres sujetos entraron a la cueva, aparentemente compañeros de los difuntos ocupantes de la cueva. Por suerte alcance a esconderme cerca de la entrada. Dos Dunmer y una Altmer. Uno de los Dunmer (Una mujer) se quedo haciendo guardia en la entrada mientras que los otros dos revisaban en la cueva en busca de pistas de lo que había pasado con sus compañeros.
No estarán muy contentos cuando se enteren – me dije, e intente salir sin que me vieran. Sin embargo, tropecé y la mujer Dunmer se percato de mi presencia. Lanzo un grito de guerra y se me abalanzo blandiendo su afilada daga, por suerte alcance a lanzar un hechizo protector sobre mí y la daga reboto como si fuera un palo. Rápidamente recupere el balance y le di una estocada. Cayó muerta en segundos. Desgraciadamente sus compañeros oyeron nuestro pequeño duelo y aparecieron inmediatamente en la habitación. Pude notar como el rostro del otro Dunmer se desfiguraba de rabia al ver el cadáver ensangrentado de su compañera a mis pies, rabia que solo un hermano o un amante podría demostrar ante aquella situación. Antes de que pudiera reaccionar el esclavista Dunmer me lanzo una consecución de bolas de fuego que acabo con mis defensas mágicas. Por suerte los Dunmer somos resistentes al fuego sino estaría muerto. Alcance a cubrirme tras una roca y lance unas bolas de fuego para mantener a los esclavistas a raya. Casi sin Magicka y superado dos a uno tuve que pensar en una solución rápida sino quería morir ahí. Parte de la paga que me dio Hrisskar fue un anillo de curación, tomado como parte de pago a uno de sus infortunados “deudores”, y ese era el momento oportuno para usarlo. Una vez un poco mejor de mis quemaduras, lance nuevamente protecciones mágicas sobre mí, pero esta vez también inmole mi espada cosa de que hiciera más daño. Me lance directamente al hechicero Dunmer, al mismo tiempo que evadía como podía los cuchillos arrojadizos de su compañera Altmer. A pesar de que no pude evadir todos los cuchillos, los que me impactaban se deflactaban contra mis defensas mágicas. La cara del joven hechicero Dunmer se llenaba de arrugas debido a la furia, mientras que las lágrimas caían de sus ojos como cataratas. De repente empezó a lanzar una invocación que reconocí.Sabía muy bien que si el terminaba su invocación no quedaría nada mi, nada de ellos ni nada de esta cueva en pie. Tenía que detenerlo. Apure mi paso desviando todo el Magicka de mis defensas mágicas al hechizo en mi espada. Mi acero y magias combinadas lograron sobrepasar sus defensas magicas y le corte la cabeza de un corte. A diferencia de la mujer Dunmer, del cadáver hechicero casi no broto sangre. La temperatura de la espada era tal, que cauterizo automáticamente la herida, mi júbilo por la hazaña fue tal que me olvide por completo de la atacante Altmer. Para cuando me acorde de ella era demasiado tarde. Tres cuchillos, el primero me hizo un tajo en el brazo donde llevaba la espada, haciéndome botar mi arma, el otro me hizo un corte en el costado y el último se clavo en mi pie.
Con expresión triunfante la Altmer se me acerco dispuesta a darme el golpe de gracia. Aproveche esa oportunidad juntado lo que me quedaba de Magicka y le lance una bola de fuego, que la golpeo en el costado. Mientras ella se retorcía de dolor, me saque el cuchillo del pie y empecé un hechizo de curación con lo que sobro de Magicka, no había querido usarlo antes, para conservar algo de Magicka, pero como estaban las cosas sino lo lanzaba no me podía ni mover. Tome mi espada y mire a la Altmer. Lloraba de dolor mientras se retorcía en el suelo.
Lo siento – murmure, y de un golpe limpio con mi espada acabe con su sufrimiento. Después de tomar lo que necesitaba de mis atacantes, enterré los cuerpos (tanto de mis victimas como los cadáveres que encontré al encontrar la cueva). Después de encontrar un lugar lejos de las cuevas para descansar, recupere mis fuerzas y partí hacia Balmora.
Cambie Hechizo, por libro de hechizos,para que quedara mas claro. Puesto que en el juego se parte como con cinco hechizos y compre otro adicional en la tienda.
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